Partido Popular y Vox cerraron ayer en Andalucía su cuarto pacto autonómico este año. Juan Manuel Moreno Bonilla, que pasa por ser el barón más moderado del PP, se suma así a los acuerdos de Extremadura, Aragón y Castilla y León. Y, como ellos, ha claudicado en los dos aspectos esenciales que exigía la formación de extrema derecha para dar sus votos en la investidura. Moreno ha asumido la “prioridad nacional”, que calificó de “eslogan” en la campaña electoral, y va a integrar al partido de Abascal en su Gobierno, cuando hace solo dos meses veía esta opción como “imposible”.De manera súbita y sin explicaciones suficientes, Moreno quiebra doblemente su palabra, además de lograr que su imagen como dirigente refractario a los postulados de Vox quede debilitada. Por mucho que el PP intente edulcorar la “prioridad nacional” vinculándola con el arraigo, la asunción de este sintagma que tiene su origen en el lepenismo francés significa aceptar la discriminación de los inmigrantes en el acceso a subvenciones y servicios públicos. El documento suscrito es una réplica de los firmados hasta ahora, como si los problemas de todas las comunidades fueran iguales, una visión uniforme de España lejos de la realidad. El apartado sobre la inmigración es especialmente oprobioso para Moreno, cuyo discurso por la convivencia era meritorio ante las manifestaciones xenófobas de sus ahora socios. Según el acuerdo, el presidente andaluz no aceptará más menores extranjeros no acompañados, hará una auditoría anual de los gastos vinculados a la “inmigración masiva”, suprimirá las subvenciones a ONG que ayuden a los migrantes y endurecerá el régimen interno de los centros de menores. Moreno ganó una investidura, pero perdió la autoridad como referente de una derecha que combate desde las ideas y los valores a la extrema derecha.Vox entra en el Gobierno con un vicepresidente, Manuel Gavira, que además será consejero de Turismo, Desregulación, Justicia y Administración Local, una suma de carteras que no tienen nada que ver entre sí y que evidencia el encaje forzado de este partido en el Ejecutivo. La más relevante será la de Turismo, industria clave para Andalucía. El ciclo electoral que ahora se cierra empezó por una estrategia fallida del equipo de Núñez Feijóo: precipitar adelantos electorales en comunidades que gobierna para intentar mayorías amplias que trasladasen la idea de un PSOE en declive y un PP fuerte. Y aunque es cierto que los socialistas han salido muy mal parados en todas las citas autonómicas, también lo es que los populares no han logrado ni una mayoría absoluta. Es más, su dependencia de Vox se ha agudizado, por lo que se ha visto obligado a ceder ante todas y cada una de las exigencias de sus socios para seguir gobernando en una aparente estabilidad.La lección para el ciclo que se abre en unos meses, con comicios municipales, autonómicos y generales, es diáfana: PP y Vox son ya un bloque en el que sus integrantes concurren por separado, pero están condenados a pactar allá donde sumen mayoría. Este camino ciega los intentos de Feijóo de abrir vías de entendimiento con los nacionalistas catalanes o vascos, que difícilmente aceptarán llegar a acuerdos de relevancia con el PP mientras en la ecuación exista ese elefante en la habitación que se llama Vox.
Claudicación de Moreno Bonilla
El presidente andaluz pacta con Vox y debilita su imagen como referente del PP más moderado













