“Soy Juan Manuel Moreno, tengo 56 años y no voy a cambiar. Mi forma de hacer política y de pensar es esta”. Así se presentó el líder del PP andaluz en el arranque de las negociaciones con Vox para lograr ser investido por tercera vez como presidente de la Junta de Andalucía, tal y como él mismo aseguró este jueves en la comparecencia ante los medios para presentar ese acuerdo de legislatura. Durante los casi ocho años al frente del Ejecutivo autonómico, el barón popular se había esforzado por enmarcar esa forma de hacer política y de pensar dentro de un prisma de centralidad que ejercía de una manera cercana y accesible, hasta el punto de encarnar, dentro de su propio partido, el liderazgo del ala más moderada a través de posiciones en materias medulares como el cambio climático, la igualdad, la migración, el diálogo social o el europeísmo alejadas del sector más beligerante. Pero los 150 puntos suscritos con los ultras, que incluyen su entrada en el Gobierno con una vicepresidencia y abrazan todos los postulados ideológicos de la extremaderecha ―que durante la campaña electoral reconoció que le “quitaban el sueño”― ponen en entredicho la credibilidad de ese perfil dialogante y templado.“Al margen del contenido del pacto, el simple hecho de cogobernar con Vox en Andalucía es un planteamiento rectificativo y es un punto de inflexión porque se cruza una línea que no se había cruzado antes en Andalucía, que es gobernar con la ultraderecha, una línea que ni el propio Moreno ni el PP querían cruzar”, apunta Paco Camas, director de investigación de opinión pública en Ipsos Spain, que cree que Moreno va a tener ahora que reconducir su perfil. “Tiene una imagen de transversalidad en el electorado andaluz, de personas que han votado a Ciudadanos, al centro derecha y al centro izquierda y ahora cambia mucho la película”, abunda. “Moreno dijo que no iba a cambiar, pero es que lo que han cambiado son las circunstancias”, precisa la politóloga Ana Salazar, fundadora de Idus3. “Cuando tú haces una declaración de intenciones es porque ves que está en riesgo esa idea”, añade. Esas circunstancias, la posibilidad de tener que depender de Vox para gobernar, estaban claras desde el principio de la campaña, tanto, que un simpatizante en el segundo día, ya le preguntó si al final acabaría pactando con Vox. “Usted sabe en qué aguas me muevo”, le respondió, precisamente para diferenciarse de sus homólogos en Extremadura y Aragón, que ya entonces habían cerrado un acuerdo de gobierno con los ultras. Desde el primer momento, Moreno y el PP renegaron de su contenido, cuestionando la legalidad de la “prioridad nacional”, defendiendo la importancia de la migración y, sobre todo, rechazando la posibilidad de un Ejecutivo de coalición con la extrema derecha. “Es imposible”, dijo a este diario. Esas circunstancias representaban “el lío”, pero Moreno las ha asumido en apenas tres semanas, lo que ha durado la negociación, que comenzó el 9 de junio.“En menos de un mes ha asumido los postulados que están en el resto de los pactos, lo que pone en cuestión la convicción de los principios de Moreno”, indica Sergio Pascual, antropólogo y antiguo secretario de Organización de Podemos. “Los principios se demuestran cuando es costoso defenderlos, pero en este caso parece que ni siquiera ha habido pelea, que Moreno, el representante del ala moderada, el que tenía más fuerza para discutirlo, ni siquiera se ha plantado”, abunda. Una circunstancia que también ha sorprendido al profesor de Ciencia Política de la Universidad de Granada, Ángel Cazorla. “Ha entrado como la seda, sin que haya habido roces, ha sido un acuerdo sin ruido, muy en la línea de la discreción de Moreno y todo lo que ha pedido Vox se ha concedido”.Aunque el PP siempre insistió en que el contexto de esas negociaciones era distinto al de Extremadura, Aragón y Castilla y León, porque el peso de los ultras para desbloquearla formación de gobierno era menor, el documento final reproduce los mismos puntos que los otros acuerdos, con las mismas medidas que criminalizan a los migrantes, con el rechazo a la llegada de personas extranjeras irregulares y de menores no acompañados; el repudio de todos los aspectos de la Agenda 2030 que afectan a los sectores productivos y de las políticas climáticas de Bruselas relacionadas con el sector primario; la revisión de las políticas ambientas consideradas “agendas ideológicas”; la tendencia a la supresión de la financiación de la cooperación al desarrollo o los recortes en las ayudas a los agentes sociales. No hay matices ni correcciones en la redacción que pudieran incorporar las propuestas o argumentos que en estos años Moreno ha defendido en estas materias. “Quien huye del hambre, quien está dispuesto a levantar un futuro con sus manos, con la misma necesidad y voluntad que tuvimos los andaluces hace no tanto tiempo, no debe ser tratado como un delincuente”, escribía el dirigente popular sobre la inmigración en su libro de memorias, el mismo líder que impulsó la creación de una Comisión Delegada para la Agenda 2030, que él mismo preside; que reivindica los valores de la Unión Europa y alerta sobre el peligro de los populismos desde su cargo como vicepresidente del Comité Europeo de Regiones; que defendió la importancia de las regiones en la ejecución de las políticas públicas destinadas a la cooperación internacional en la IV Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo de Naciones Unidas que se celebró en Sevilla el verano pasado; o que ha puesto como eje de su forma de hacer política el diálogo social.“Si alguna vez existió la vía andaluza, con este acuerdo se ha dilapidado”, sostiene Nuria López, secretaria general de CC OO en Andalucía, sobre la forma de hacer política dialogante y sosegada que ha reivindicado Moreno frente a la hipérbole de Madrid. “Ha cogido el camino fácil quizás porque se siente mucho más cómodo con las políticas que ahora ha firmado”, abunda. López advierte de que la supresión del 50% de las ayudas a los sindicatos “es un árbol para intentar tapar el bosque”, que compra el marco ideológico de Vox de que las organizaciones sociales están subvencionadas. “El 92% de los ingresos de CC OO viene de las cuotas de nuestros afiliados, a nosotros lo que nos preocupa del acuerdo es la eliminación de las garantías para los trabajadores a través de la desregulación. “Es una declaración tremenda de intenciones”, advierte sobre cómo puede desarrollarse el devenir de los acuerdos y mesas sectoriales que se han abierto con la Junta en los últimos años y de los que tanto ha presumido Moreno.También este pacto desnuda el discurso en defensa del medio ambiente que el dirigente popular se ha esforzado en enarbolar estos años, en los que abanderó la “revolución verde” que dejó ojipláticos a los ecologistas. “Se ha creado una imagen del líder regional del PP con cierta sensibilidad medioambiental, abrazando la máxima de que la defensa del medio ambiente no debería tener color político, pero el acuerdo asume los postulados ideológicos de la extrema derecha con lo que esa defensa se queda solo en lo discursivo”, señala Luis Berraquero, responsable de Greenpeace para Andalucía, Extremadura y Murcia.Un paso atrás“Moreno siempre ha tratado de mantener ese perfil diferencial dentro del PP, tanto a nivel interno, de cara al PP nacional, como desde el punto de vista de su propio perfil político, al tratar de mantener siempre una diferenciación, pero la firma de estos acuerdos hacen que Andalucía ya no sea una excepción”, indica Camas. Ese perfil político, construido a partir de atributos como la cercanía, el diálogo, la simpatía, “chocan con la proyección de la imagen de Vox, que utiliza los atributos contrarios: tienen más agresividad, más firmeza, más contundencia” y ahora ambos van a tener que convivir en ese mismo espacio, advierte Salazar. “No sé si el PP ha calibrado el hecho de que Vox vaya a estar reclamando constantemente el cumplimiento del pacto, con lo que su agenda ideológica será portada y titular permanente de la gestión de este gobierno de Moreno”, abunda Pascual. Salazar considera que quien ha perdido más con este acuerdo, “quien proyecta mayor cesión es el PP, por cómo diseñaron la estrategia electoral, basada en los líos de los pactos y en ese escenario apocalíptico que suponía pactar con Vox”. En ese toma y daca, el PP puede alegar que, a diferencia del resto de territorios, los ultras solo entran con una vicepresidencia con las competencias de Turismo, desregulación, justicia y administración local, unas carteras desde las que no puede gestionar la ejecución de las medias más ideológicas, pero esto también pone en duda la credibilidad de los principios de Moreno, advierte Pascual: “Puede dar la sensación de que en términos de gestión pública los ha arrinconado, pero si te da igual lo que vas a acordar mientras no te vayan a molestar en la mesa camilla de la gestión, lo que evidencia es que tus principios te importan poco”. Para Cazorla, el pacto con la ultraderecha “pone las cartas sobre la mesa”. “Juanma, el sereno, ya no es ni tan sereno, ni tan moderado”. A partir de ahora, según el profesor, “empieza un nuevo contador”. La era Moreno “pone el temporizador a cero y va a tener que dar muchas explicaciones por el giro utra del gobierno. Es un paso atrás impresionante”."Vox es la negación de Andalucía"Tanto la secretaria general de CC OO, Nuria López, como el representante de Greenpeace en Andalucía, Luis Berraquero, llaman la atención sobre cómo el hecho de que tanto las medidas del pacto, como que Vox, una fuerza que no cree en el sistema autonómico y que reniega de Blas Infante, reconocido por el Parlamento autonómico como padre de la patria andaluza, haya entrado en el gobierno dela Junta, cuestionan el andalucismo del que también ha hecho bandera Moreno. Para el ex dirigente del Partido Andalucista e historiador, José Luis Villar, la presencia de la extrema derecha en el Gobierno es “una pesadilla”, al tiempo que reprocha el “cinismo” del PSOE por haber sido “incapaz” de haber entablado una negociación con Moreno para parar el avance de la ultraderecha. Asegura Villar: “Para un andalucista, ver sentarse en el Gobierno de Andalucía, y nada menos que como vicepresidente, al representante de un partido que niega la existencia de Andalucía, que pretende acabar con la autonomía de Andalucía, que desprecia los símbolos históricos de Andalucía como la bandera y el himno, que no reconoce la importancia histórica del 4 de diciembre del 77 y del 28 de febrero de 1980, que insulta y denigra a Blas Infante, reconocido en nuestro estatuto como padre de la patria andaluza... Todo eso, para un andalucista, es un dolor inmenso, una tristeza profundísima y una pesadilla de la que pronto esperamos despertar. Por lo tanto, Vox y andalucismo son absolutamente incompatibles. Vox es la negación más absoluta de Andalucía”.
Moreno, el moderado, se autoenmienda con el pacto con los ultras
La asunción de los postulados ideológicos de Vox y la entrada de la extrema derecha en su Gobierno cuestiona el liderazgo centrista del barón andaluz en el PP














