Llevaba Juanma Moreno 40 minutos leyendo su tercer discurso de investidura como presidente de la Junta de Andalucía, prometiendo la continuidad de su estilo de hacer política -“la moderación, la concordia”- y la continuidad de su “agenda reformista”, partiendo del reconocimiento de que nada de ello sería posible sin los votos de Vox.
Dos síes en la sesión de este martes, que requiere mayoría absoluta; o cuatro abstenciones el jueves, cuando basta la mayoría simple, recordaba el propio Moreno, cuando el portavoz del partido de Santiago Abascal, desde la sede central en Madrid, reventó todos los guiños, promesas y compromisos que le quedaban por leer, anunciando que sus 15 diputados votarán no mañana y probablemente también el jueves. Y quizá seguirán así en adelante, cuando empiece la cuenta atrás de dos meses para la repetición electoral, hasta que dobleguen al barón andaluz: “En primera [votación] no, y en segunda me parece que no. Que siga por ese camino y saldrá elegido en tercera, cuarta, quinta o nunca”, dijo el portavoz nacional de la ultraderecha, José Antonio Fúster.
Así empieza la decimotercera legislatura en Andalucía y termina antes de tiempo, de sopetón, el tercer discurso de investidura de Moreno. Los 109 diputados siguieron escuchándole, pero tomaron nota de que “alguien desde un despacho en Madrid había decidido el futuro inmediato de Andalucía”, como auguró el barón popular en la campaña de las elecciones del 17 de mayo, que ganó con 53 diputados, a dos de la mayoría absoluta. “El lío” ha comenzado, está por ver si dura cuatro años o cuatro días.














