La segunda sesión del debate de investidura de Juanma Moreno ha retratado el aislamiento del candidato del PP y presidente de la Junta en funciones en el Parlamento andaluz, aún lejos de la reelección. Sus rivales políticos -todavía Vox se encuentra entre ellos, pero menos- le han hecho ver que la distancia que le separa de la mayoría absoluta necesaria para ser investido esta tarde es, simbólicamente, mucho más larga y empedrada que los dos votos afirmativos que le faltan. “Usted se tiene que entender con Vox, aunque no quiera y aunque no le guste”, le espetó el portavoz de la ultraderecha, Manuel Gavira, en cuanto subió a la tribuna.

Moreno entró el lunes en el debate de investidura preparado para el desplante que le hizo Gavira al terminar un discurso de hora y media en el que desgranó su programa de gobierno y reivindicó su estilo de hacer política, centrándose en lo que le une al partido de Santiago Abascal, y orillando lo que le separa: se ha quedado corto, no ha mencionado la “prioridad nacional” ni ha hablado del “problema de la inmigración”, aún no hay acuerdo entre el PP y Vox y el martes votaremos que no, le vino a decir su futuro socio.

Para lo que no estaba preparado el presidente andaluz era para escuchar cómo el portavoz nacional de la ultraderecha anunciaba, desde Madrid, que dijese lo que dijese (y en ese instante aún le quedaba más de la mitad del discurso por decir), el voto de sus 15 diputados sería no. Y que volvería a ser no el jueves -cuando le basta con la abstención de cuatro parlamentarios- y que seguirá siendo no en adelante, hasta que el referente del PP más moderado se doblegue a las exigencias de Vox, como hicieron antes que él María Guardiola en Extremadura, Jorge Azcón en Aragón y Alfonso Fernández-Mañueco en Castilla y León.