EditorialLos inmigrantes contribuyen de manera esencial al crecimiento, al sostenimiento de sectores enteros y a la viabilidad del Estado del bienestarActualizado Martes,

junio

23:12Audio generado con IAEl cierre del proceso de regularizaci�n masiva confirma la magnitud del desaf�o migratorio y la improvisaci�n del Gobierno. El Ejecutivo calcul� que la medida beneficiar�a a unas 500.000 personas. Hoy admite m�s de un mill�n de solicitudes, aunque evita precisar cu�ntas ser�n finalmente admitidas. La desviaci�n es demasiado grande: o el Gobierno desconoc�a cu�ntas personas viv�an en Espa�a en situaci�n irregular, o infravalor� el alcance de la medida, o el proceso ha generado un efecto de atracci�n que ha desbordado sus previsiones.La inmigraci�n es un fen�meno estructural. Espa�a no tiene alternativa a ella por razones demogr�ficas, laborales y econ�micas. Los inmigrantes contribuyen de manera esencial al crecimiento, al sostenimiento de sectores enteros y a la viabilidad del Estado del bienestar. Negarlo ser�a tan irresponsable como ocultar las tensiones que unos flujos tan intensos generan sobre los servicios p�blicos, la vivienda, los salarios y la convivencia. Precisamente porque la inmigraci�n es necesaria, debe gestionarse con rigor, legalidad y consenso.Eso es lo que ha faltado. El Gobierno ha promovido una regularizaci�n extraordinaria por v�a reglamentaria, sin acuerdo con la oposici�n, sin coordinaci�n suficiente con las comunidades aut�nomas y contra la direcci�n dominante en Europa. El Tribunal Supremo estudia ahora si la medida colisiona con el Derecho comunitario. No se trata de negar derechos ni de alimentar discursos xen�fobos, sino de asumir que en el espacio Schengen las decisiones nacionales tienen efectos que traspasan las fronteras de cada Estado.Tampoco es cierto que este proceso suponga, como sostiene Pedro S�nchez, una apuesta por la inmigraci�n legal y ordenada. M�s bien constata un fracaso: cientos de miles de personas han vivido durante meses o a�os sin papeles, en muchos casos sin contrato y con salarios bajos. A diferencia de regularizaciones anteriores, la exigencia de arraigo laboral ha sido m�nima. El mero hecho de estar en Espa�a se ha convertido en la llave de entrada al permiso de residencia y trabajo. Ese incentivo debilita la contrataci�n en origen que el propio Gobierno dice querer reforzar.El plan de integraci�n anunciado por Pedro S�nchez, dotado con 505 millones, llega tarde y resulta insuficiente: la integraci�n no se improvisa al final del proceso. Antes de incorporar a cientos de miles de personas al circuito regular, el Estado deber�a haber calculado cu�ntos centros de salud, plazas escolares, polic�as, viviendas y oficinas de extranjer�a ser�n necesarios.Espa�a no puede limitarse a ser una mera gestora de flujos, tal y como reclam� el Papa en el Congreso. Debe construir una pol�tica de Estado que combine humanidad y control, derechos y deberes. S�nchez ha preferido convertir un desaf�o estrat�gico en una trinchera electoralista contra PP y Vox. La consecuencia es un proceso ins�lito por su volumen, sus escasas exigencias y su falta de consenso. Regularizar planificaci�n no resuelve los problemas migratorios: simplemente traslada sus costes al futuro.