Hace unos 40.000 años, cuando los primeros Homo sapiens ya habían llegado a Europa, grupos de neandertales seguían habitando las cuevas de lo que hoy es Bélgica y el norte de Francia. Durante décadas, muchos investigadores han atribuido su extinción a la endogamia y a una lenta decadencia genética. Un nuevo estudio liderado por científicos del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva muestra que los últimos neandertales del noroeste de Europa estaban más conectados entre sí de lo que se pensaba y no muestran señales de un deterioro genético progresivo que explique su desaparición.La investigación, publicada en Nature, ha analizado restos de 27 neandertales procedentes de diez yacimientos de Bélgica y Francia. Entre ellos destaca un fémur hallado en la cueva de Goyet, en Bélgica, del que se ha obtenido un genoma completo de gran calidad, el quinto de este nivel conseguido hasta ahora para un neandertal.Poblaciones pequeñas, pero conectadasHace unos 40.000 años, los neandertales desaparecieron de Europa después de haber habitado el continente durante más de 300.000 años. Su extinción sigue siendo uno de los grandes enigmas de la evolución humana. Durante décadas, una de las hipótesis más aceptadas ha sido la de la “espiral genética”, grupos cada vez más pequeños y aislados que, generación tras generación, se reproducían entre parientes cercanos y acumulaban mutaciones perjudiciales hasta quedar condenados a extinguirse.Para poner a prueba esta idea, los investigadores trabajaron con restos excavados, en muchos casos, hace más de un siglo, y la mayoría de ellos conservaba cantidades ínfimas de ADN. El equipo utilizó técnicas de secuenciación y un sistema de captura genética diseñado específicamente para recuperar millones de posiciones del genoma relevantes para la historia evolutiva de neandertales. El análisis genético también permitió corregir errores de clasificación anatómica: algunos fragmentos óseos que se habían atribuido a distintos neandertales resultaron pertenecer en realidad al mismo individuo.Entrada a las cuevas de Goyet, Bélgica Mateja HajdinjakLos individuos estudiados vivieron entre hace unos 50.000 y 40.000 años, en los últimos milenios de existencia de la especie. Sus genomas muestran que estaban más emparentados entre sí que con otros grupos contemporáneos de Europa, lo que indica que formaban parte de una misma población regional.Sin embargo, no presentan las señales de consanguinidad extrema observadas en algunos grupos de Siberia, como los de las cuevas de Chagyrskaya y Denisova. Aquellas poblaciones parecían vivir en comunidades muy pequeñas y aisladas, donde durante generaciones apenas llegaban individuos de fuera. “En el ocaso de los neandertales, en el noroeste de Europa, había más variación que milenios antes en Siberia”, explica a La Vanguardia la genetista Alba Bossoms Mesa, primera autora del estudio.La imagen resultante es la de pequeñas comunidades que, pese a su reducido número, mantenían contactos y probablemente intercambiaban individuos con otros grupos vecinos. Más que familias completamente aisladas, se asemejarían a una red de poblaciones dispersas pero conectadas.Una extinción todavía inexplicableOtro de los hallazgos más relevantes es que no se detecta un aumento de la llamada “carga genética”, es decir, la acumulación de mutaciones potencialmente perjudiciales que cabría esperar en poblaciones cada vez más pequeñas y aisladas. “Estos resultados cuestionan la idea de que los neandertales desaparecieran principalmente debido a un deterioro progresivo de sus genomas”, afirma Bossoms. La investigadora matiza, sin embargo, que todos los neandertales presentaban niveles de diversidad genética limitados en comparación con los humanos modernos, por lo que no puede descartarse cierta vulnerabilidad demográfica. Factores como las fluctuaciones climáticas o la competencia por los recursos asociada a la expansión de Homo sapiens probablemente también intervinieron.Sin rastro de mestizaje recienteEl estudio aporta además otro resultado llamativo. Aunque neandertales y humanos modernos coexistieron en Europa durante miles de años, esta nueva investigación no ha encontrado indicios de mestizaje entre ambos grupos en esta región durante la fase final de la existencia de la especie.Restos óseos de neandertal procedentes de la cueva de Spy en BélgicaP. Semal, Real Instituto Belga de Ciencias NaturalesLa ausencia de estas evidencias resulta aún más llamativa porque sí se han dado casos de humanos modernos de hace unos 50.000 años con antepasados neandertales apenas unas generaciones antes. “Existen varios ejemplos de humanos modernos que tuvieron tatarabuelos neandertales”, explica Bossoms. “Sin embargo, todavía no se ha hallado ni un solo ejemplo de un neandertal que tuviera un antepasado humano moderno reciente en su árbol genealógico inmediato”. Comprender por qué el intercambio genético fue tan asimétrico, añade la genetista, “sigue siendo un área de investigación activa”.Los investigadores también han encontrado linajes genéticos muy antiguos entre algunos de estos individuos, una señal de que las poblaciones neandertales fueron más diversas y complejas de lo que se pensaba.La imagen clásica de los últimos neandertales como una especie aislada y genéticamente condenada pierde así fuerza. Su desaparición, lejos de responder a una única causa, parece haber sido el desenlace de una historia mucho más intrincada. “Los neandertales nunca se extinguieron del todo, porque una parte de su genoma sigue vivo en muchos de nosotros”, matiza la autora.
El ADN de los últimos neandertales cuestiona la idea de una especie condenada por la endogamia
El análisis de 27 individuos de hace 40.000 años revela comunidades interconectadas y desmonta el deterioro genético progresivo











