Caminando por el campo en el Valle del Lozoya, Madrid, en busca de setas, Enrique Baquedano descubrió un fósil que no tuvo demasiado problema en identificar. "Esa zona es francamente muy buena para buscar seta de cardo. Miré cerca del camino y vi un un diente de hiena y dije: 'Bueno, aquí hay un yacimiento'", rememora el paleontólogo soriano de 68 años, 25 después de aquel descubrimiento. Tras recoger algo de información entre los vecinos de Pinilla del Valle, el municipio más cercano, Baquedano supo de la existencia de un yacimiento arqueológico en esa zona descubierto en los años 80. Decidió entonces que había que volver a excavar en aquel lugar. Han pasado 25 años desde entonces y, hoy en día, esta zona es conocida como el Valle de los Neandertales. Se ha convertido en uno de los yacimientos referentes en España tras el descubrimiento de decenas de restos humanos de la especie Homo neanderthalensis, de los objetos que fabricaban y de los animales que cazaban. Las visitas al yacimiento, que este año se agotaron a las pocas horas de la apertura del plazo de reservas, son una buena muestra de la fiebre neandertal que está desarrollándose en los últimos años en forma de libros, documentales, cuentas divulgativas en redes sociales y una insospechada demanda para visitar lugares como este."Como estáis viendo, esto está todos los días lleno de grupos escolares, tenemos overbooking, incluso antes de inaugurar el museo que tenemos justo allí, tenemos overbooking desde septiembre 2015 cuando que se abrió el parque arqueológico", declara Baquedano, codirector de la excavación y gerente del Museo Arqueológico y Paleontológico de la Comunidad de Madrid, sobre el propio yacimiento. El museo, cuya inauguración se espera para finales de este año, se encuentra al otro lado del embalse del Lozoya, rodeado de las montañas de la sierra de Guadarrama. Un paisaje que no ha variado mucho, salvo por la desaparición de los grandes glaciares que en algún momento verían los neandertales, desde los tiempos en los que esta especie euroasiática -nunca hubo neandertales en África- habitó la península ibérica: entre 230.000 y 40.000 años antes del presente. En este lugar, que los neandertales utilizaron durante miles de años como campamento de caza, se ha hecho un hallazgo que ha supuesto otro giro en el cambio radical de percepción que ha habido en la comunidad científica hacia los Homo Neanderthalensis desde los tiempos en los que Baquedano y su equipo empezaron a excavar aquí. En una cavidad de una cueva derrumbada, los arqueólogos han descubierto varios cráneos de distintos animales ubicados intencionalmente de forma que se ha interpretado como una colección de trofeos de caza. El hallazgo, que prueba una vez más que los neandertales tenían mundo simbólico, mereció la portada de la revista Nature Human Behaviour en 2023."Este yacimiento se ha convertido en un lugar de gran relevancia internacional por la presencia de un santuario de caza de los neandertales. Se suponía que los neandertales no tenían capacidad simbólica y con este rito de la concentración, de la acumulación de trofeos de caza, se demuestra que la tienen", explica Baquedano. "Ahora sabemos que también los neandertales tienen esa capacidad y, en consecuencia, los sapiens tenemos que compartir la cúspide de la pirámide de la evolución humana con ellos. Los neandertales no son ya nuestros primos lejanos, sino nuestros hermanos".Libros, exposiciones y redes socialesGracias a hallazgos como los del Valle de los Neandertales los miembros de esta especie han pasado de ser considerados poco menos que unos simios con una escasa capacidad cognitiva a humanos con pensamiento simbólico, que cuidaban de sus iguales y que, probablemente, se comunicarán entre ellos con un lenguaje. El cambio en la percepción científica está poco a poco calando en la sociedad y esto podría explicar el inusitado interés que existe por los neandertales en los últimos tiempos. La creciente fascinación por los neandertales no se percibe únicamente en los yacimientos arqueológicos. Museos especializados como el Museo de la Evolución Humana de Burgos han alcanzado récords históricos de visitantes -627.026 visitantes en 2025-; nuevas exposiciones centradas específicamente en los neandertales siguen recorriendo la geografía española, como las más recientes del museo Oiasso de Irún o el Museo de Segovia; y hasta la plataforma de streaming Netflix presentó a nuestros parientes extintos como amigables humanos huyendo del estereotipo simiesco tradicional en una serie documental titulada Secretos de los Neandertales (2024).En los últimos años también han proliferado los libros dirigidos al gran público, como la trilogía de Juan Luis Arsuaga y Juan José Millás centrada en la conversación entre un sapiens y un neandertal publicada por Alfaguara (2020-2024); El neandertal desnudo (2024) y El último Neandertal (2026), ambos de Ludovic Slimak; Neandertales, la vida, el amor, la muerte y el arte de nuestros primos lejanos (2021), de Rebecca Wragg Sykes; o Neandertales, lo que fuimos antes de ser nosotros (2026), del arqueólogo y divulgador Ignacio Martín Lerma. Todo ello apunta a que el neandertal ha dejado de ser un asunto reservado a especialistas para convertirse en un fenómeno cultural cada vez más popular."Yo creo que el boom de los neandertales actualmente tiene que ver con el cambio tan brutal que ha dado la ciencia", declara Martín Lerma, que es profesor de Prehistoria en la Universidad de Murcia. "Veníamos de pensar que los neandertales eran seres brutos, torpes, llenos de pelo, casi simiescos… y de pronto nos encontramos con que les debemos mucho y su legado ha sido muy importante porque no eran tan tontos como pensábamos, y nos están ofreciendo un acercamiento en la distancia entre las dos especies muy muy interesante".Ese acercamiento se hizo más estrecho que nunca en 2010, cuando un equipo dirigido por el genetista sueco Svante Pääbo logró secuenciar con éxito el genoma neandertal, un descubrimiento por el que fue galardonado con el premio Nobel en 2022. Desde ese momento, se demostró algo que antes parecía impensable: los sapiens -a excepción de los subsaharianos- compartimos entre un 1% y un 4% de genética con los neandertales, es decir, ambas especies se reprodujeron en algún momento de la historia y los humanos actuales somos el resultado de aquella hibridación. "A nivel de rasgos fisiológicos hay diferencias evidentes: los neandertales tenían una frente más huidiza, fosas nasales más abiertas, ausencia de mentón y eran más bajos y robustos, pero lo que estamos haciendo es acercar el concepto de la vida cotidiana", explica Martín Lerma, que divulga sobre esta especie en redes sociales como Instagram o TikTok, donde acumula miles de visualizaciones. Sin embargo, el arqueólogo considera que el creciente interés por ellos va más allá de aprender sobre una especie extinta. "Mirar a los neandertales tiene que ver con mirarnos a nosotros mismos. La gente no solo quiere saber cosas del Paleolítico, sino entender mejor cómo fuimos y por qué somos así ahora".Plumas decorativas y enterrar a los muertosUbicado en pleno casco histórico de Burgos, el Museo de la Evolución Humana (MEH) se ha convertido en el principal centro español dedicado a la divulgación de la evolución humana y el escaparate museístico de los hallazgos del archiconocido yacimiento de Atapuerca. En su primera planta, un neandertal observa a los visitantes desde dentro de una urna. Se trata de un busto de un hombre con la cara pintada y el pelo cortado y adornado con plumas elaborado por el paleoartista Fabio Fogliazza basado en los descubrimientos realizados en el yacimiento italiano de Fumane. Esta pieza, adquirida en 2014 por el museo burgalés, es una buena muestra de cómo ha cambiado la forma de representar a esta especie."Desde que se encontraron los primeros restos a finales del siglo XIX, ha sido la especie por antonomasia. Existe ese marcado interés porque son restos que aparecieron en el continente europeo, por lo tanto, están muy próximos geográficamente", declara Rodrigo Alonso Alcalde, director gerente del MEH. "Este interés es manifiesto porque hoy, por suerte, en el mundo en el que vivimos, cualquier nuevo hallazgo trasciende inmediatamente a la sociedad y siempre existe un gran interés por ver qué es lo que sabemos sobre el pasado y cómo eso repercute en el presente".El primer esqueleto casi completo de un neandertal fue hallado por el paleontólogo Marcellin Boule en el Valle de Neander -Neandertal, en alemán-, junto a la localidad francesa de La Chapelle-aux-Saints, en 1908. El estudio que desarrolló a partir de esos restos fósiles dio como resultado una reconstrucción de un ser que caminaba encorvado, con las rodillas flexionadas y el cuello inclinado hacia delante y esta fue la imagen que se tuvo de esta especie durante décadas. Boule, sin embargo, no pudo tener en cuenta que el sujeto que había analizado era un anciano con deformaciones óseas causadas por diversas enfermedades y solo la aparición de más y más restos fósiles permitió rehacer esa idea errónea sobre el aspecto físico de los neandertales. Ese cambio de percepción sigue desarrollándose hoy en día y, poco a poco, está también llegando a la forma en la que se representa a esta especie en los museos."Se tenía la concepción de que si se habían extinguido, pues muy listos no podían ser. No se habían encontrado pinturas, no tenían algo parecido a nosotros… así que las representaciones que se hacían de ellos siempre eran como muy arcaicas, mucho pelo, la cara muy bruta. Y eso en el imaginario general hacía que pareciese más un mono, no sé, más como el Yeti, por ejemplo, que como nosotros", explica Marta Cuesta, educadora del MEH desde hace 14 años y encargada por tanto de hacer las visitas didácticas tanto a los centros escolares como al público en general. Detrás de ella, se yergue un hombre bajito y muy fuerte con una larga barba y melena. Se corresponde con la imagen que cualquiera puede tener de un cavernícola, pero también parece que con un afeitado, un corte de pelo y una vestimenta moderna podría pasar por una persona cualquiera. Es un neandertal. "Los nuevos descubrimientos nos han demostrado que son sociedades organizadas que entierran a sus muertos, que hacen caza comunal, que tienen representaciones, se decoran, tienen elementos artísticos…", declara Cuesta, con un discurso que está probablemente acostumbrada a repetir a menudo a los visitantes. "La representación que se hace de ellos, que al final es lo que nos queda en la retina, va cambiando. Se les va quitando parte del pelo, se les se les acerca más a nosotros. Y al final esas representaciones también hacen que la gente, cuando los ve, no sabe si sean sapiens o neandertales, si no te fijas. Y a veces dices: 'Uy, pues se parecen más a nosotros de lo que pensábamos'".Si quieres contactar con 20minutos, realizar alguna denuncia o tienes alguna historia que quieres que contemos, escribe a pablo.rodero@20minutos.es. También puedes suscribirte a las newsletters de 20minutos para recibir cada día las noticias más destacadas o la edición impresa.
La fiebre por los neandertales llega al gran público: "No son ya nuestros primos lejanos, sino nuestros hermanos"
El cambio de imagen científica de los neandertales, unido a nuevos hallazgos, dispara el interés social por una especie cada vez más cercana a nuestra propia historia.









