En un mundo agitado y cambiante, en el que viejas alianzas que parecían inquebrantables muestran grietas alarmantes y en el que cada vez se discute más el papel que le corresponde a una Unión Europea muy sola, la elaboración de unos presupuestos es una gran ocasión para mostrar el nivel de las propias ambiciones y de decidir cómo financiarlas. Lo es, pero también supone un ejercicio sumamente complicado en que los Veintisiete están siempre divididos. El mundo cambia, pero cuando arranca la discusión sobre los presupuestos, en este caso el marco financiero plurianual para el periodo 2028-2034 que ayer discutieron los líderes europeos en una cumbre en Bruselas, se repite la misma canción. De inmediato se forman dos equipos. En un lado, los frugales, los países del norte y ricos con Alemania al frente, que exigen un recorte del gasto de Bruselas. En el otro bando, se posicionan los amigos de la cohesión y los beneficiarios de la política agrícola común (PAC), con España como país destacado. Grosso modo, un norte rico frente a un sur más pobre a la búsqueda de un compromiso que siempre cuesta, que siempre se prolonga, pero que, detrás de la maraña de cifras, determinará el futuro de la UE.La discusión partió de entrada con la propuesta de la Comisión Europea de unos presupuestos de dos billones de euros para estos siete años que después la presidencia de turno de la UE, Chipre, rebajó a 1,76 billones. Parecen cifras enormes, y lo son, pero si se presentan desde otro punto de vista, por ejemplo, que es solo un 1,2% del PIB de la Unión Europea, se ven de otra manera.En el debate de ayer, intervino el presidente español, Pedro Sánchez, advirtiendo que “Europa no será una potencia geoeconómica si no tiene músculo financiero”, jugando una vez más el papel de líder de la cohesión. La réplica del canciller alemán, Friedrich Merz, llegó inmediatamente: “He dejado clara mi postura: no puede haber nuevas deudas europeas, el presupuesto debe ser equilibrado”.Los países frugales chocan con los de la cohesión por el presupuesto europeoEl debate no es solo sobre el montante total del presupuesto, sino también cómo se reparte. De entrada, qué parte del pastel corresponde a la PAC y a los fondos regionales y de cohesión. Lejos quedan, por supuesto, los años ochenta, en que la PAC se llevaba el 60% del presupuesto. Ahora se queda en un tercio y reduciéndose. Es lógico, es una Europa diferente y que tiene que proyectarse en otros terrenos. Otro tercio le puede tocar a la cohesión. Pero después llega el dilema de afrontar cómo se financian las nuevas prioridades, como son la ganancia de competitividad y también la defensa, la gran asignatura pendiente europea, esta necesidad urgente de construir una capacidad propia sin contar demasiado con el amigo americano.Uno de los argumentos preferidos de Alemania y de los frugales es que no se puede utilizar ahora un presupuesto con una estructura diseñada en el siglo pasado. Quieren modernidad, lo cual, en su interpretación, significa recortes del montante total y también variación de los destinos. Ahí aparece su exigencia de reducir su aportación a la UE, en la que Alemania es ciertamente uno de los grandes contribuyentes.La financiación de la maquinaria comunitaria y de sus políticas la llevan a cabo los estados miembros en buena parte en función de su peso económico, complementado además por los denominados “recursos propios”, como son aranceles aduaneros y una parte de los ingresos por IVA de los estados. Precisamente la búsqueda de nuevos recursos propios es uno de los encargos que salió de la reunión de ayer para Irlanda, el país que ocupará la presidencia rotatoria de la UE en el próximo semestre. La definición de estos nuevos recursos propios puede ser uno de los elementos que pueden ser claves para conseguir cuadrar el puzle, porque suponen nuevas formas de financiación. La Comisión Europea barajaba fórmulas como impuestos a los residuos electrónicos o aumentos de la fiscalidad del tabaco, además de incrementar la recaudación en recursos ya existentes como aranceles aduaneros y el IVA.Se explorarán nuevos recursos propios para aumentar los ingresos comunitariosNo será fácil y corre prisa. El objetivo sería cerrarlo este año, entre otras cosas porque en el 2027 abundan las elecciones y algunas podrían complicar aún más los acuerdos. Hay comicios previstos en Francia y Polonia, en los dos casos con la extrema derecha bien colocada. Y también elecciones en España, ya que el presidente del Gobierno, Sánchez, a la salida de la cumbre de ayer, ratificó que serán el próximo año.Sin embargo, es complejo que se consiga un acuerdo en este plazo en un asunto tan capital, en el que se parte de posiciones tan enfrentadas, y en el que se requiere la unanimidad de los Veintisiete. Un tema que medirá qué ambiciones tiene la Unión Europea.
La UE decide el nivel de sus ambiciones, por Editorial
En un mundo agitado y cambiante, en el que viejas alianzas que parecían inquebrantables muestran grietas alarmantes y en el que cada vez se discute más el papel que le corresponde a una Unión Europea muy sola, la elaboración de unos presupuestos es una gran ocasión para mostrar...














