La UE necesita recobrar grandes consensos políticos, con mayor cohesión territorial y una participación ciudadana activa

Europa atraviesa uno de los momentos más decisivos de su historia reciente. Sí. La UE, que nació como un proyecto de paz y prosperidad tras la Segunda Guerra Mundial, se enfrenta hoy a un contexto geoestratégico marcado por tensiones globales, crisis sucesivas y un caótico orden internacional cada vez más multipolar. Hay analistas que van más allá y plantean que el orden será multiplex. La guerra en Ucrania, la inestabilidad en Oriente Próximo, la competencia tecnológica con Estados Unidos y China y los desafíos internos, tales como el auge de los populismos o la transición ecológica y digital, configuran un escenario complejo que exige respuestas audaces y coordinadas.

¿Es Europa una potencia en decadencia o emergente? ¿Representa Europa como construcción política un modelo de sociedad, que, pese a sus defectos e imperfecciones, merezca la pena ser defendida? ¿Ha olvidado esta Europa política que su verdadera razón de ser somos las personas que convivimos en este espacio? Europa suscita más interrogantes que respuestas porque vivimos en una época de transformación radical de nuestros marcos de referencia. La UE ha de representar la respuesta de estabilidad política, prosperidad económica, solidaridad y seguridad.