A pesar de las voces que pregonan su declive, la manera en que el continente decida su futuro depende solo de sí mismo
Que la Unión Europea atraviesa momentos difíciles es innegable. Pero lo que no es tan obvio es la principal razón de ello: la política de la inevitabilidad. Se nos dice que es inevitable que Ucrania pierda la guerra contra Rusia, a pesar de que tres años después del inicio de la invasión por parte de Putin, y con más de un millón de soldados fallecidos o gravemente heridos, Rusia aún no haya sido capaz de conquistar el Donbás. Escucham...
os que es inevitable que Europa pierda la carrera de la inteligencia artificial y, con ella, el principal factor de competitividad del futuro. Que estamos abocados a perder nuestra capacidad industrial y, por ende, nuestra principal fuente de innovación y que el crecimiento estaría en caída libre. Y a pesar de todo ello la economía europea y la estadounidense son bastante similares en términos de productividad por hora o en crecimiento en paridad de poder de compra. También se dice que es inevitable que Europa se convierta en terreno de caza de China y EE UU en un nuevo mundo de depredadores en el que Europa sería incapaz de mantenerse unida. Y, sin embargo, el Eurobarómetro de otoño del Parlamento Europeo muestra que un 89% de los ciudadanos estiman que solo la unidad permitirá a Europa enfrentarse a retos como la seguridad del continente.










