En un mundo tan peligroso, donde nuestra seguridad y supervivencia están en juego, es inaceptable aceptar que una sola capital de la UE frene a todos

Estamos en dificultades. Eso es una buena señal. Si no lo estuviéramos, nunca cambiaríamos nada. Y construir Europa significa cambiar cosas (Jean Monnet)...

La Unión Europea ha proporcionado más de 70 años de paz y prosperidad. Sin embargo, no fue diseñada para un mundo dominado por imperios continentales. Por eso debe surgir un núcleo más fuerte de la Unión. Europa es un continente envejecido, rezagado respecto a Estados Unidos y China en crecimiento y productividad, aquejado de una baja inversión y con dificultades para sostener su modelo social. Al mismo tiempo, afronta un profundo cambio geopolítico: Rusia amenaza su seguridad desde el Este, mientras que su aliado tradicional, Estados Unidos, se está convirtiendo, en el mejor de los casos, en un socio poco fiable y, en el peor, en una potencia hostil.

Con apenas el 5% de la población mundial y una participación (hasta ahora) decreciente en la economía global, solo una Europa más unida —económica y políticamente, capaz de garantizar su propia seguridad y defensa— podrá hacer frente de manera eficaz a las tres potencias continentales que buscan dividir el mundo en esferas de influencia en medio del colapso del orden multilateral. Sin embargo, incluso tras la agresión contra Ucrania y las amenazas de Trump sobre Groenlandia, los líderes europeos no han impulsado ninguna iniciativa audaz para reforzar la Unión.