El pasado viernes, la presidencia chipriota del Consejo de la Unión Europea presentó por primera vez la llamada "caja de negociación" o 'negobox' en el argot comunitario. Se trata de una tabla en la que se detallan las distintas partidas del presupuesto de la Unión para los próximos siete años a partir del 2028. Las opiniones de los otros veintiséis Estados miembros respecto a la propuesta para el próximo Marco Financiero Plurianual (MFP) están muy divididas. Este viernes, los líderes europeos desayunan debatiendo este asunto y al menos comparten un mensaje común para la presidencia chipriota: por encima de mi cadáver. En palabras de un ministro del Gobierno holandés, no era una 'negobox', sino una 'no-go box'. El debate se divide, como ocurre tradicionalmente cada vez que toca hablar de presupuestos de la UE, en dos grandes bloques: un grupo de Estados miembros que no quieren aumentar su contribución nacional y que quieren que el presupuesto común se dirija hacia prioridades más modernas, como la competitividad, la innovación o la defensa, y un grupo de países, muchos de ellos receptores netos, es decir, que reciben más de lo que contribuyen, que quieren proteger las partidas tradicionales del presupuesto europeo, como la Política Agraria Común (PAC) o la Política de Cohesión, y que no comparten la necesidad de recortar el tamaño del MFP. La caja de negociación presentada por Chipre "no ha dejado contento a nadie, como tiene que ser", explica una fuente diplomática, que señala que en esta fase de la negociación todas las capitales tienen que decir que lo planteado "está mal". "Estamos todavía en la fase un poco ruda, táctica, difícil", señala otra fuente diplomática, que admite que es el momento de que los Estados miembros se muestren muy negativos respecto a lo que se les presenta. Sin embargo, la misma fuente se muestra optimista respecto a algunos pasos que se han dado, como es llegar a un acuerdo respecto a la nueva estructura del presupuesto, que tendrá que negociarse con el Parlamento Europeo. Este se organizará en tres grandes bloques. El primero está compuesto por los sobres nacionales y regionales, los planes que deberán elaborar los Estados miembros para repartir los fondos que se les asignen; el segundo es un Fondo Europeo de Competitividad, y el tercero, el dedicado a la acción exterior, titulado Europa Global. TE PUEDE INTERESAR La negociación del MFP es siempre muy difícil, y las alianzas son variables, pero los Estados miembros se dividen en dos grandes grupos. Por un lado, están los autodenominados "frugales", un grupo compuesto a grandes rasgos por Alemania, Países Bajos, Dinamarca, Suecia y otros Estados miembros ricos y nórdicos. Al otro, el autodenominado grupo de los "amigos de la Cohesión", con el gran pelotón de Estados miembros del este junto con algunos socios veteranos como España e incluso fundadores como Francia o Italia. La propuesta inicial de la Comisión planteó una ampliación del MFP hasta los 2 billones de euros para los próximos siete años, un incremento relevante frente al actual presupuesto de 1,2 billones de euros. Sin embargo, no hay prácticamente nada de dinero adicional frente al actual presupuesto. ¿Por qué? Porque la realidad es que la inmensa mayoría de ese aumento va destinado a pagar los intereses de la deuda comunitaria que se asumió para financiar el Fondo de Recuperación o Next Generation EU. En realidad, en términos de renta nacional bruta, el incremento es del 1,13% al 1,26%, con un 0,11% correspondiente a repagar la deuda de los fondos creados a raíz del coronavirus, lo que deja el incremento real del presupuesto en el 0,02% de la renta nacional bruta. La presidencia chipriota del Consejo ha presentado un recorte que para los "frugales" es totalmente insuficiente. TE PUEDE INTERESAR España, junto con algunos otros países, solicita que la UE vuelva a emitir deuda conjunta, como hizo para hacer frente a la crisis del coronavirus, como ha hecho recientemente con el programa SAFE para financiar el gasto en defensa, y como está haciendo con el último paquete de asistencia a Ucrania, que se financia con 90.000 millones de euros de eurobonos. La idea es completamente rechazada por los nórdicos y también por Alemania, a pesar de que la práctica se va consolidando poco a poco. Además, la negociación se produce a contrarreloj. António Costa, presidente del Consejo Europeo, quiere lograr un acuerdo antes de que termine el año. Es un objetivo compartido por la mayoría de los Estados miembros, que quieren evitar que la negociación se vea mezclada con un calendario complejo de elecciones nacionales que incluyen las de Italia, España, Polonia y, sobre todo, Francia, donde el partido de extrema derecha Agrupación Nacional (RN) lidera todas las encuestas. Un buen número de fuentes diplomáticas coincide en mostrar su escepticismo respecto a vincular tan explícitamente el calendario de negociación con las elecciones francesas. "Es una evidencia, no especialmente francesa, de que, dadas todas esas citas electorales, (existe el riesgo de que) tal o cual Gobierno no esté en condiciones de negociar en un momento dado", ha asegurado una fuente diplomática francesa, la cual, sin embargo, explica que vincularlo específicamente a los comicios galos es una forma de "injerencia". La fuente explica que se trata únicamente de garantizar que no haya retrasos y que el MFP empiece a aplicarse a partir del 1 de enero de 2028. Encontrar más dinero ¿Y ahora qué? El problema tiene varias dimensiones. Los líderes europeos ya tienen varios elementos para empezar a negociar. La caja presentada por los chipriotas, por mucho que sea totalmente rechazada, ayuda a aterrizar el debate. La gran batalla se concentra en qué ocurre con el tamaño del presupuesto. Los nórdicos insisten con recortes importantes a la propuesta de la Comisión Europea, mientras que otros Estados miembros consideran que la presidencia irlandesa del Consejo, que asume las riendas de la institución que reúne a los diferentes países europeos el próximo 1 de julio, deberá presentar en la cumbre europea de octubre una revisión profunda de los llamados "recursos propios", es decir, impuestos que van directamente a financiar el presupuesto común de la Unión Europea. Por ahora, estos son pocos, y en 2025 la Comisión planteó ampliarlos para incluir la tasa de carbono en frontera (CBAM), derechos de emisiones (ETS) o tabaco. El Parlamento Europeo ha planteado algunas nuevas propuestas, como una tasa a los servicios digitales. TE PUEDE INTERESAR "Si queremos llegar a un acuerdo, no hay otra solución que nuevos recursos propios. De lo contrario, o fracasamos en tener el presupuesto que la Unión necesitará, y la negociación será increíblemente difícil para saber dónde sacrificar, o aumentamos las contribuciones nacionales a un nivel tal que sería rechazado. Hay que encontrar recursos propios, y ese es el reto esencial de los próximos tres o cuatro meses", zanja una fuente diplomática que se muestra convencida de que, si no se encuentran nuevos recursos propios, habrá una "masacre" para conseguir un acuerdo sobre el MFP. En todo caso, los nórdicos se muestran muy escépticos respecto a que eso vaya a ser suficiente para "cerrar la brecha".