Nota beneNuestros racionalistas no se esperaban a un Papa tan razonableRufi�n saluda al Papa en una pantalla del Congreso.MUNDOActualizado S�bado,
junio
23:10Audio generado con IAEn un mundo gobernado por una colecci�n de villanos de c�mic, es normal que el Papa Le�n XIV despierte simpat�as transversales. Ayuda la cara afable, los ojos entornados que escuchan y los restos visibles de una timidez vencida a fuerza de humildad: la que hace falta para cargar con la pompa del oficio sin aspavientos, llev�ndola como peso heredado y no como disfraz. Se aparta ah� de Francisco, que si rechazaba la p�rpura era para que repar�semos en lo poco que la necesitaba. Mi momento favorito de su periplo por Espa�a ha sido su discurso en el Congreso de los Diputados, pieza oratoria perfectamente calibrada, cautivadora e inteligente. Como su contenido ha sido ya muy glosado, me quiero detener en algunas amonestaciones que ha recibido por parte del sector racionalista ilustrado, dicho sea sin asomo de iron�a. Creo que nuestros racionalistas -y aqu� s� hay una brizna de iron�a- no se esperaban a un Papa tan razonable. Su estrategia ha sido, por tanto, sacar levemente de quicio lo que Le�n XIV hizo en el Congreso. Para Arcadi Espada fue �exponer las l�neas maestras de su programa pol�tico�; para F�lix Ovejero, �dar instrucciones morales sobre leyes que nos afectan a todos�. No hay para tanto. Lo que hizo Le�n XIV fue dar su opini�n, eso es todo. �Con pretensi�n de verdad? �Como tantas opiniones! Es cosa ya entendida: la separaci�n entre Iglesia y Estado -batalla feroz y ganada- impide que ninguna iglesia tenga el monopolio para definir el bien p�blico. No supone que debamos poner sordina a la palabra p�blica de los creyentes o desde�ar de entrada su valor en debates que interesan a toda la ciudadan�a. Cierto, el Papa invoc� una legitimidad previa a la deliberaci�n asamblearia, pero todo constitucionalismo liberal ya postula medidas que preceden y superan a la mayor�a: los derechos fundamentales son exactamente eso, vetos que la asamblea no puede levantar por mucho que vote. Por usar la misma f�rmula de Ovejero, al final de los pasillos laicos tambi�n hay dioses, metaf�sicas de las que no sabr�amos dar cuenta. El Obispo de Roma va con la suya por delante. Por lo dem�s, si del cura hacemos caricatura, y lo reducimos a su estereotipo fan�tico y oscurantista, Espada, Ovejero y yo acordaremos r�pido que en los esca�os del Congreso se sientan curas todos los d�as, empezando por los nacionalistas, chirriantes violines de una cuerda que a todas horas salmodian su monote�smo ling��stico. A la luz de los discursos de unos y otros, yo ir�a m�s lejos: el 8 de junio hab�a muchos curas en el Congreso y ninguno era Prevost.














