Un Papa que es, a la vez, de América del Norte y de América del Sur -el Robert Prevost de Chicago y el misionero en la Amazonía y obispo peruano-; superior general de los Agustinos; matemático, pero también teólogo y canonista.El que sigue la estela de Francisco, cuyo primer viaje fue a la isla de Lampedusa, y se presenta hoy en el muelle de Arguineguín, en las Islas Canarias, a donde siguen arribando en pateras quienes huyen de la miseria. El que se reviste, como Benedicto XVI, con la muceta roja, y se remite a Juan Pablo II y su "No tengáis miedo".Un Pontífice reflexivo que se enfrenta al mismísimo Trump; que se puso el nombre del artífice de la doctrina social de la Iglesia, el León XIII de la Rerum Novarum, aunque también era León el que detuvo a Atila a las puertas de Roma y salvó a esa Europa cuyos valores ha defendido estos días en España…Es una mezcla tan potente que invita a pensar que el cuarto Papa del siglo XXI ha sido diseñado por una Inteligencia Artificial… con sentido, como la que propugna en su encíclica Magnifica Humanitas, una defensa de la dignidad irreductible de la persona sobre la ‘cultura del descarte’. Obviamente, esta hipótesis es una broma y más parece que la atinada elección de Prevost se deba a lo que explica la periodista de La Vanguardia María-Paz López, en su día corresponsal en Roma: la ‘mirada social’ de León XIV nace de una tradición en la que cada Pontífice emerge "de una combinación, entre intuitiva y razonada, como lo que más conviene a la Iglesia en ese momento de la historia".Si The Economist decía que la 'multinacional' más antigua y más grande del mundo debía tener una 'sede' en Latinoamérica, ahora se amplía a un elegido con raíces en la nación más poderosa del mundo, lo que suscita los celos de Trump. Un líder moral, jefe de unos mil cuatrocientos millones de católicos, en torno al 18% de la población mundial, capaz de concitar la atención mundial apoyado en valores eternos traídos a la posmodernidad: la unidad frente la confusión y el enfrentamiento; la complejidad frente al populismo y la polarización; la solidaridad con el prójimo frente a la deshumanización. Un Papa que habla para todo el que quiera escucharlo, pero que no es de nadie en exclusiva, si hablamos en términos de partidos: su mensaje no es un programa político, ni puede serlo.El viaje a España, con nuestro país como cabeza de puente para América y el resto del mundo, ha combinado actos multitudinarios con encuentros discretos como los mantenidos con las víctimas de abusos por parte del clero, una "lacra" a la que responder "con verdad, justicia y reparación". La deslumbrante bendición, en Barcelona, de la Torre de Jesús, en el aniversario de la muerte de Gaudí –el genio que anteponía el amor a la técnica- se ha completado con el emocionante acto con ocho presas y un recluso de Brians I y la visita a Montserrat.Canarias, donde le esperan inmigrantes y asociaciones de acogida, cierra un viaje de 2.500 kilómetros que llega cuando se habla del ‘giro católico’ de los jóvenes. Está por confirmar pero el filósofo y profesor Diego S. Garrocho brinda claves que apuntan en esa dirección: "En un mundo progresivamente más hostil y refractario a las certezas estables, la vuelta de valores densos, capaces de jerarquizar la realidad, puede resultar atractiva para muchas personas. Quizá, también, los más jóvenes se hayan dado cuenta de que es imposible vivir en un mundo sin perdón ni misericordia".En ese contexto, León XIV invita a la complejidad, a disentir sin humillar y a "huir de los enfoques identitarios que parecen aclararlo todo pero que pueblan el mundo de fantasmas y enemigos". Lo dijo a su llegada a España, en su primer discurso, en el Palacio Real de Madrid. Es un buen resumen de la visita que concluye mañana, histórica, esta vez sí, de verdad.