Barcelona revivió ayer la magia olímpica 34 años después. La emoción que se sintió en 1992 cuando la flecha de Antonio Rebollo surcaba el cielo hacia el pebetero de Montjuïc es la misma que estremeció ayer a todos los que pudieron ver cómo la fachada de la Sagrada Família se iba iluminando armónicamente desde abajo hasta llegar a la cruz de la torre de Jesús. Fue impresionante. Barcelona es poderosa cuando quiere y ayer envió la mejor postal que se podía mandar al mundo.El acto tuvo como prolegómeno una misa solemne protagonizada por León XIV para celebrar la inauguración de la torre y conmemorar el centenario de la muerte de Antoni Gaudí. El marco majestuoso del templo y la templanza del discurso de Prevost crearon la atmósfera idónea para la explosión final.La visita del Papa a España aún no ha terminado. No hagamos aquí como la prensa capitalina, que, una vez León XIV se ha ido de Madrid, parece que el viaje ha dejado de tener importancia. Queda la cita de Canarias, donde el encuentro con los inmigrantes en un centro de acogida tiene una significación especial en esta España de la prioridad nacional y esta Europa de los centros de deportación.Pero sí podemos hacer ya un primer balance de la profunda huella que va a dejar esta visita en el ánimo de muchos ciudadanos, más allá de su condición de católicos practicantes o no. A falta de referentes políticos e intelectuales de primer nivel, la aparición de este Papa viene a ocupar un vacío moral en una sociedad desideologizada y en crisis permanente. Solo hace falta ver las audiencias masivas que ha logrado durante esta visita y los comentarios que suscita de muchos opinadores que no son precisamente de misa diaria.El plato fuerte de su viaje a España era el acto de ayer en la Sagrada Família y tampoco dejó pasar la oportunidad de hacer un discurso sencillo y sereno que conectó con la audiencia. Destacó que el templo sigue siendo una obra inacabada, en construcción, pero que ello no significaba “una carencia, sino que expresa una promesa”, porque hoy son tiempos para construir, a diferencia de lo que sucede con guerras o confrontaciones inútiles. Sin duda, León XIV ha aprovechado bien su visita.Director de La Vanguardia desde marzo de 2020. Ha trabajado como redactor en las secciones de Política, Sociedad y Ciudades de La Vanguardia, donde entró en 1992
Volvió el espíritu olímpico, por Jordi Juan
Barcelona revivió ayer la magia olímpica 34 años después. La emoción que se sintió en 1992 cuando la flecha de Antonio Rebollo surcaba el cielo hacia el pebetero de Montjuïc es la misma que estremeció ayer a todos los que pudieron ver cómo la fachada de la Sagrada Família se...















