0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialEn apenas un mes Barcelona fue escenario, entre el 9 de junio y el 6 de julio, de dos acontecimientos excepcionales que pusieron a prueba como nunca su capacidad organizativa. Tanto los responsables de los viajes del Papa como los promotores del Tour de Francia quedaron muy satisfechos por el buen hacer de los anfitriones, quienes lograron que, a pesar de la dificultad que planteaban estos dos grandes retos consecutivos, casi todo saliera a pedir de boca.El éxito, proyectado a todo el mundo a través de la espectacularidad de las imágenes, sobre todo las de la ceremonia de coronación de la torre de Jesús de la Sagrada Família, no es fruto del azar. Desde el bautismo de fuego que representó la organización de los Juegos Olímpicos de 1992, de cuya inauguración se cumplen precisamente hoy 34 años, Barcelona ha ido perfeccionando una forma de trabajar que hace que en este momento, según afirma la gerente municipal, Laia Claverol, la ciudad “se atreva con todo... siempre y cuando el acontecimiento tenga un retorno”.Cada año, Sant Jordi y la cabalgata de Reyes aportan experiencia para otras citas excepcionalesLaia Claverol y Xavier Patón, gerente del área de Promoción Económica y responsable ejecutivo de la coordinación de grandes eventos, apuntan que el mejor entrenamiento para poder afrontar la organización de acontecimientos excepcionales se realiza cada año en sesión doble: por un lado, la gran fiesta ciudadana de Sant Jordi, con más de un millón personas en la calle y todos los servicios municipales a pleno rendimiento, y por otra parte la cabalgata de Reyes, que congrega el 5 de enero a más de 600.000 personas a lo largo del recorrido. A partir de esta base, cuando se presenta la oportunidad de un evento excepcional, los equipos se constituyen de manera muy rápida y con unos mecanismos muy automatizados.La ciudad de las 20.000 vallasUno de los retos logísticos que plantean acontecimientos del calibre de la Gran Depart del Tour o la visita del Papa es garantizar unos escenarios seguros y muy bien definidos. Además del despliegue de recursos humanos se requiere gran cantidad de elementos señalizadores y protectores. Para la visita del Papa se instalaron unas 2.500 vallas y más 850 barreras New Jersey, denostadas en tiempos de pandemia y urbanismos tácticos pero siempre útiles cuando se trata de reforzar la seguridad. El Ayuntamiento dispone de un buen stock de estas piezas del mobiliario urbano, aunque en el caso de las etapas barceloneses de la Gran Depart fue necesario hacer acopio buscando por toda España a fin de disponer de las 20.000 vallas necesarias para perimetrar el circuito.El aspecto crítico de la organización de un gran acontecimiento como la Gran Depart del Tour de Francia o la visita del Papa es minimizar las afectaciones a la población, algo que nunca resulta del todo posible. Claverol y Patón reconocen que durante la presencia en Barcelona de León XIV hubo que tomar decisiones en un tiempo récord. Había, por ejemplo, el temor a que la visita del Pontífice a la iglesia de Sant Agustí del Raval provocara una asistencia de público no esperada, cosa que no acabó de suceder. En esos días laborables se registró en la ciudad un descenso de la movilidad, tanto en vehículo privado como en transporte público. Y en algunos momentos fue necesario echar mano de la improvisación, eso sí, debidamente controlada. Por ejemplo, cuando apenas unas horas antes se acordó ampliar el recorrido del Papamóvil unos 200 metros sobre la previsión inicial. Aquel día, por razones de seguridad, se retiraron de la vía pública 259 contenedores de residuos y, por primera vez, fue necesario atender al requerimiento, por razones de seguridad de girar todas la papeleras del recorrido. Un total de 83 equipos y 230 trabajadores se implicaron en el operativo especial de limpieza. La celebración de la vigilia de oración en un recinto cerrado como el Estadi Olímpic –sugerencia del Ayuntamiento al Vaticano– facilitó las cosas mucho más que si esa ceremonia multitudinaria se hubiera desarrollado en un espacio público abierto como, por ejemplo, la avenida Maria Cristina, una opción que estuvo encima de la mesa y que fue descartada.Lee tambiénLa visita papal movilizó, solo en lo que respecta a los dispositivos municipales, a 2.440 personas. En la Gran Depart del Tour, que sobre todo en la contrarreloj cerró por completo media ciudad, la cifra se elevó hasta las 4.100 personas. Con motivo de la visita de la ronda ciclista gala se reactivó otra experiencia que también tiene sus orígenes en los Juegos del 92. A la convocatoria del Ayuntamiento para formar un cuerpo de voluntarios, que finalmente requirió de 1.300 personas, se apuntaron 4.000 barceloneses.Periodista catalano-brasileño. Redactor jefe de la sección Vivir. Más de media vida en La Vanguardia
Barcelona se apunta a la fiesta
Desde aquella noche olímpica de un 25 de julio de hace 34 años, la capital catalana ha ido perfeccionando su capacidad organizativa de grandes acontecimientos hasta adquirir una experiencia que es garantía casi plena de éxito






