Hay pocas cosas comparables con la preparación de unos Juegos Olímpicos. Más todavía si, como fue el caso de Barcelona, la ciudad aprovecha el evento para acometer la transformación urbana más importante de su historia moderna. No, no va a ser lo mismo. Pero a la capital catalana le esperan cuatro semanas que, a nivel organizativo, de seguridad, movilidad, estrés y proyección mediática, recordarán todo lo vivido entre el 25 de julio y el 9 de agosto de 1992. En el menú, más allá de la ya habitual aglomeración turística por estas fechas, entran la visita del Papa, el congreso mundial de arquitectos y la salida del Tour de Francia, y como petit fours, una nueva edición del festival Sónar y el gran premio de Fórmula 1. Todo, entre el 9 de junio, llegada de León XIV, y el 5 de julio, segunda etapa de la ronda francesa con salida desde las calles de Barcelona.Lee tambiénEl alcalde ve una gran diferencia respecto a 1992. En conversación con La Vanguardia, Jaume Collboni sostiene que el desafío de este junio se abordará con solvencia gracias a una mezcla de experiencia, organización y “un nivel de civismo y empatía inmenso por parte de la ciudadanía”. “Los barceloneses –prosigue el líder del PSC– son muy conscientes, y eso no significa que siempre estén contentos, de que tenemos un nivel de actividad muy alto. Por eso lo que más me preocupa es la movilidad, sobre todo en las zonas más afectadas por los actos”.La cronología de Barcelona 92, en tres portadas de 'La Vanguardia'. La primera, el día de la proclamación, en 1986. La segunda y la tercera, el día de la inauguración y la clausura de los JuegosArchivoEl día de Sant Jordi, recuerda el regidor, se registraron dos millones de validaciones en el metro. La ciudad, así las cosas, ya sabe de qué va esto: también son ya casi 20 años de Mobile World Congress, sin ir más lejos. Se ha ido amasando, coinciden todos los consultados, “una manera barcelonesa de hacer las cosas”. Lo suscribe Collboni y también el teniente de alcalde de Seguridad, Albert Batlle, que en 1992 ya era concejal con Pasqual Maragall al mando. El veterano edil es un convencido de que la capital catalana se ha ganado un nombre en esto de los eventos. “Cuando hacemos algo, lo hacemos bien”, indica.Coches y músicaEntre el GP de F1 y el Sónar concentran cerca de 400.000 asistentes, con cerca de la mitad llegados desde el extranjeroRecuerda Batlle que los años anteriores a los Juegos se respiraba una “tensión positiva que tenía al frente un liderazgo muy singular: “Maragall era un genio, un hombre de una gran intuición que iba al filo de la navaja pero las cosas le salían bien”. Le suma a la receta “el frescor mediterráneo en contraposición con la rigidez de otras culturas y la inteligencia creativa”.La visita del Pontífice y el grand départ son los eventos que más afectarán a la vida ciudadana, ya que incluyen severas ocupaciones de la vía pública. El 9 y 10 de junio, más de 5.000 policías tratarán de blindar la comitiva de León XIV que, desde el Palacio Episcopal, junto a la catedral, visitará el Estadi Lluís Companys, la Sagrada Família (incluido papamóvil entre la Diagonal y Sardenya por la calle Rosselló) y la parroquia de Sant Agustí. Al teniente de alcalde de Seguridad, sin embargo, le preocupa más el Tour de Francia, que obligará “a cortar la ciudad en dos”. “Cuando en Navidad vi la Sagrada Família en la portada de Paris Match sentí algo de vértigo”, admite el concejal Batlle, que, al igual que el alcalde, aplaude el buen entendimiento de estos mese entre el Ayuntamiento y otras instituciones, incluido el Vaticano.La tienda del Tour de Francia, el sábado, a más de un mes de que llegue la ronda francesa a BarcelonaMarc FontCuando el Papa vuele hacia Gran Canaria, el 11 de junio, ya estarán llegando los primeros aficionados a los coches, que del 12 al 14 tienen cita en el Circuit de Montmeló con Barcelona como epicentro del GP de F1. Durante el fin de semana, más de 250.000 personas habrán pasado por las gradas del trazado vallesano, con un 60% de público internacional, la mayoría de los cuales duermen en la capital catalana. Al margen del pico de gente en la ciudad, mucho ojo los que esos días se muevan por la autopista AP-7 sentido norte.Habrá más expectación, pero físicamente es imposible más turismo porque no hay más plazas hoteleras y la idea, de hecho, es reducir los cruceristas de paso”Jaume CollboniAlcalde de BarcelonaLa capital catalana tendrá una pequeña tregua. Hasta el 18 de junio, cuando empiezan los tres días del Sónar, festival que el año pasado congregó a 160.000 aficionados a la música, la innovación y la creatividad, con la mitad de asistentes con pasaporte forastero. Diez días después dará comienzo una de esas citas globales que aportan pedigrí a cualquier urbe: el Congreso Mundial de Arquitectura, que se celebra cada tres año y que ya recaló en Barcelona en 1996, cuando la demanda de público desbordó las expectativas.Enric Truñó, en una foto del año 2022LVSe espera la visita de unas 10.000 personas entre el 28 de junio y el 2 de julio, cuando el concejal de Deportes, David Escudé, estará acariciando el ataque de nervios a dos días de que el Tour de Francia salga desde el Fòrum el 4 de julio. Sant Martí, el Eixample y parte de Sants-Montjuïc estarán patas arriba, con el tráfico cortado para esta etapa contrarreloj por equipos de 19,7 kilómetros que tendrá la meta junto al Estadi Olímpic.Como pueden imaginar, por mucho que todo esté organizado y Collboni y Batlle destilen confianza, en el Ayuntamiento hay nervios. También en Fira de Barcelona, en empresas públicas como TMB (por la movilidad, de la mano de FGC, Rodalies Renfe y la Guardia Urbana) o BSM (por las localizaciones bajo su control), y en el Departament d’Interior, encargado de la seguridad, sobre todo durante la visita del Papa, que en su periplo catalán también paseará por Montserrat y Can Brians.Todo esto sucederá mientras 1,7 millones de barceloneses tratan de vivir su rutina diaria y durante un mes de junio en el que, más allá de los acontecimientos, la urbe recibirá 1,5 millones de turistas pernoctantes. También hay fin de curso y los aspirantes a la universidad se enfrentarán a la selectividad.Buenas sensaciones“La organización de los Juegos dejó un legado que el mundo aún admira”, asegura el exconcejal Truñó¿Algún secreto para no morir de éxito ante este junio simpar?Enric Truñó fue concejal de Deportes de 1981 a 1995. Vivió todo el trabajo para aspirar a los Juegos, para prepararlos y para sobrevivir a la resaca del 92. En una larga charla con este diario, recuerda que pocos meses antes de la inauguración la policía detuvo en Bidart (Francia) a la cúpula de ETA. “Dos días antes de que Samaranch anunciara que teníamos los Juegos, Maragall tuvo que volver desde Lausanne porque la banda había matado a un policía en la plaza Espanya”, recuerda el exconcejal.Maragall y Pujol se saludan a su manera, tras conseguir, en 1986, la nominación olímpicaJosé María AlgersuariPero más allá de la coyuntura política, Truñó considera que el éxito de 1992 se debió a una suma de factores que, a su modo de ver, configuran una receta que sigue vigente. “El alcalde sabía delegar y confiaba en los responsables de cada área. La coordinación y la comunicación era total y constante. Viendo cómo van las cosas, creo que la calidad organizativa de Barcelona no ha pasado de moda. El 92 dejó un legado de manera de hacer que el mundo siempre ha admirado y reconocido”, resume.Maragall era un genio, un hombre de una gran intuición que iba al filo de la navaja pero las cosas le salían bien”Albert BatlleTeniente de alcalde de Seguridad“Aquello –añade–, se consiguió con un gran compromiso personal de todos”. Y con prioridades claras: “Fue una operación global, no de unos empresarios que querían hacer dinero ni de unos políticos que querían hacer política”. Admite Truñó, sin embargo, que Barcelona gozaba de gobiernos fuertes, con “más capacidad de mirar lejos y no tanto en el corto plazo”. “Los Juegos del 92 –asevera– fueron una oportunidad muy potente dentro de un camino que llegaba mucho más lejos”.Ese horizonte sigue vivo, pero hay quien intuye un boom del turismo después de tanto evento. Collboni trata de atemperar ese temor: “Habrá más expectación, pero físicamente es imposible porque no hay más plazas hoteleras y la idea, de hecho, es reducir los cruceristas de paso”. “Los Juegos –concluye Enric Truñó– fueron una fiesta de todos los barceloneses. Por eso, por el bien de la ciudad, es importante que la población haga suyos los acontecimientos”.