Roberto RodríguezBarcelona 02/07/2026 20:34 Actualizado a 03/07/2026 07:03 “Á la Ville de Barcelone”. Hay imágenes que no envejecen. Una ciudad celebrando la concesión de unos Juegos Olímpicos es un momento inolvidable. Aquel grito de Barcelona al mundo en 1986 no fue solo una fiesta. Fue también una declaración de intenciones. La ciudad decidió entonces que nunca dejaría de explicarse a través de su arquitectura, de su cultura y de su capacidad para convertir cualquier acontecimiento, deportivo o no, en un símbolo, en algo realmente especial. Más de tres décadas después, Barcelona recibió al Tour de Francia para presentarle su magia, para hacerlo parte de esa forma tan particular que tiene esta ciudad de abrazar a cualquier evento.El Tour, la mayor carrera ciclista del planeta, disfrutó en la ciudad condal de una presentación que no se parece a ninguna otra. Los equipos desfilaron sobre sus bicicletas desde el recinto modernista de Sant Pau hasta la Sagrada Familia, avanzando por la avenida Gaudí, que lleva el nombre del arquitecto que cambió para siempre la manera de entender la ciudad. Consiguió su intención primigenia la organización de este Grand Départ, al convertir un acto normalmente protocolario en una historia con vida propia. El Tour dio su primera pedalada antes de comenzar la competición en un paisaje urbano. Sin decorados y sin construir nada. Porque Barcelona, en realidad, ya lo tenía todo.Lee tambiénLos mejores ciclistas del mundo, con Tadej Pogacar y Jonas Vingegaard a la cabeza, pero también con Juan Ayuso, Remco Evenepoel y Paul Seixas, desfilaron entre las dos obras maestras. El público pudo saludar a los ciclistas formando parte también de una escena inédita.Y así, Barcelona volvió a aprovechar la atención de todo el mundo como nadie. Abrazó el Tour antes incluso de que la carrera comenzase. Logró convertir el Grand Départ en un acontecimiento que solo podía ocurrir aquí.La escena comenzó con una serie de autoridades y exciclistas unidos por la bicicleta, recorriendo en primer lugar los 900 metros de la avenida Gaudí. El primero en aparecer es Jaume Collboni, alcalde de la ciudad, ataviado con una gorra vintage de color amarillo. El último es Christian Prudhomme, director de la ronda francesa. Los más aplaudidos, Miguel Indurain, Purito Rodríguez y Melcior Mauri. Esa delegación dio el pistoletazo de salida a la presentación subidos todos ellos en las clásicas bicicletas de bicing preparadas para la ocasión.Ciclistas, aficionados y, de fondo, la Sagrada Família forman una estampa para recordarÀlex GarciaGrandes figuras de la cultura catalana e internacional como Sílvia Pérez Cruz, Lia Kali, la OMAC, los Castellers de Vilafranca, Barcelona y Sagrada Família y el Cor de Teatre participaron también en un espectáculo global. Una experiencia en la que el deporte se fusionó con el arte y se dio cabida a música, danza, teatro, circo, ópera y cultura popular.Un evento deseado por el exalcalde Jordi Hereu y cuyo embrión se gestó hace una década durante una comida en el barrio de Sants, ya con Ada Colau en el consistorio. No tomó forma, sin embargo, hasta un apretón de manos en la cima del Tourmalet en 2023 con David Escudé, concejal de deportes, como protagonista, y se terminó de sellar en una cena privada celebrada a principios del 2024. Ese proyecto ayer rodó por fin en una Barcelona que no ha perdido su magia.Roberto Rodríguez Díaz (Salvatierra de Miño) es licenciado en Periodismo (UPSA) y máster por la BCNY (UB-CU). Trabaja en La Vanguardia desde 2008 donde ha cubierto desde el Mundial de Sudáfrica en 2010 hasta el Tour de Francia de 2025. Siguiendo al Espanyol desde 2020. En Twitter: @Roberto_roda
Barcelona recupera su magia y reinventa el Tour con una presentación inédita
Los 23 equipos desfilaron entre el recinto modernista de Sant Pau y la Sagrada Familia en una jornada que dio cabida a la música, danza, teatro, circo, ópera y cultura popular














