Bajad las armasDe la Transici�n a Barcelona 92, la Prevost�ada figura ya en los delgados anales del optimismo espa�olEspect�culo en la Sagrada Familia con motivo de la visita del Papa a Barcelona.APActualizado Viernes,
junio
00:07Audio generado con IANaturalmente que volver�n las oscuras golondrinas a colgar de los balcones de los peri�dicos sus nidos de mierda, corrupci�n y enfrentamiento. Pero eso no har� que olvidemos el pu�ado de hermosas im�genes y sabias palabras y testimonios conmovedores que la escena espa�ola ofreci� al mundo durante la semana papal. Para percibir los efectos ben�ficos del paso de Le�n por nuestro pa�s no hace falta otra fe que la que hab�amos perdido en nosotros mismos. En nosotros, los espa�oles. Que hab�amos olvidado la Escuela de Salamanca.Vamos a reconocer, desde un punto de vista exclusivamente profano, el �xito indiscutible de un viaje que representaba un serio desaf�o organizativo. Tres sedes distintas, administraciones de signo opuesto involucradas, Iglesia y Estado, un clima pol�tico t�xico: todo hac�a presagiar lo peor. Y sin embargo todo ha salido bien. El mismo Estado de las autonom�as que hab�amos juzgado disfuncional (siendo suaves) para afrontar la pandemia, los incendios, la dana de Valencia y hasta la minicrisis del hantavirus resulta que s� funciona cuando colabora lealmente, cuando se compromete en pos de un objetivo compartido. De la Transici�n a Barcelona 92, la Prevost�ada figura ya en los delgados anales del optimismo espa�ol.Recordaremos quiz� estos d�as en que Madrid puso el pueblo, Catalu�a la est�tica y Canarias el coraz�n. Cada cual ha aportado lo mejor de s�, con la �nica excepci�n de do�a Miriam Nogueras, que seguro que puede saludar a un Papa sin graparle el brazo para someterlo a su turra identitaria. La misa masiva de Cibeles, tras de la cual no se vio un papel en el suelo. El espect�culo sublime de la Sagrada Familia, ejemplo de arte total. La entrega a fondo perdido de los canarios, samaritanos antes, durante y despu�s. Este alzamiento nacional (con perd�n) de la mirada nos devuelve algo de la autoestima disuelta en alguna cloaca. Y no habr� sido el menor de los rendimientos espirituales de la Prevost�ada esta rehabilitaci�n puntual del orgullo patrio, con lo mucho que nos cuesta hablar bien de Espa�a sin que otro espa�ol salga herido del elogio. Por primera vez en tanto tiempo que no sabr�a decir cu�ndo, no solo no dimos motivos para el bochorno sino que los dimos para el asombro, y basta un paseo por las portadas de la prensa internacional para constatarlo.Hay una Espa�a futura esperando a que la Espa�a de hoy se reconcilie con la mejor Espa�a de ayer para volver a hacer historia.















