Muchas recetas tradicionales incluyen una copa de vino, un chorrito de brandy, cerveza, sidra, coñac, ron o algún licor. No siempre es por capricho: el alcohol aporta aroma, acidez, dulzor, profundidad y ayuda a levantar salsas y guisos. Pero hay muchas razones para querer evitarlo: porque cocinamos para niños, por embarazo, por salud, por religión, por gusto personal o simplemente porque no tenemos esa botella en casa.

La buena noticia es que casi siempre podemos sustituir el alcohol en una receta sin estropear el resultado. Solo hay que entender qué función cumple en cada plato y elegir un reemplazo que aporte algo parecido: acidez, dulzor, sabor tostado, notas frutales o cuerpo. Porque sí, ese guiso de carne al vino tinto, ese pollo a la cerveza o esas peras al vino pueden tener una versión sin alcohol igual de rica si usamos los ingredientes adecuados.

Es una de las dudas más habituales. Muchas veces se dice que “el alcohol desaparece” cuando se cocina, pero no siempre es así. Parte se evapora, sobre todo si la receta hierve, reduce o se hornea durante bastante tiempo, pero no podemos asegurar que desaparezca por completo en todos los casos. ¿Leyenda urbana en la cocina? Pues no, el alcohol no se va al cocinar tal como os comentamos hace unos meses en este otro artículo, que os aseguro, merece la pena leer. Pues muchos/as piensan que no quedan restos de alcohol, y la verdad es otra.