Hastiados, frustrados y sobrecargados. Es la sensación que comparten profesores de distintos puntos de España, que se sienten abandonados por las administraciones y obligados a asumir cada vez más trabajo con recursos insuficientes. Aulas más diversas y complejas, ratios elevadas, una burocracia creciente y jornadas que se alargan mucho más allá del horario oficial conforman un cóctel que, aseguran, ha ido deteriorando sus condiciones laborales durante años, cronificando un malestar que ha terminado estallando en protestas en distintos puntos del país, bajo la advertencia de sindicatos y docentes de que el conflicto podría extenderse a nivel nacional si no llegan soluciones.Tras una década marcada por recortes, cambios normativos y un aumento constante de las exigencias dentro y fuera del aula, muchos profesores sienten que el sistema educativo se sostiene gracias a su esfuerzo individual. Los frentes se multiplican, pero no lo hacen los recursos, y eso acaba repercutiendo en el desempeño laboral de los docentes y también en su salud mental. "Vivo con la insatisfacción constante de no haber podido hacer todo lo que me hubiera gustado con mi alumnado. Por falta de tiempo, de recursos, porque llegas al aula y te encuentras con conflictos que tienes que gestionar... Siento que no llego a todo porque no estoy pudiendo dar algunos contenidos como me gustaría", cuenta a 20minutos Raquel Sotillos, profesora de Lengua en un instituto de Madrid. Las aulas son cada vez más complejas porque los alumnos son cada vez más diversos. Y no únicamente por la irrupción de las tecnologías y el aumento de los problemas de salud mental entre adolescentes, sino también porque cada vez hay más alumnos que necesitan una atención más personalizada. El número de estudiantes que requieren apoyo supera el millón tras dispararse un 75% en solo seis años, según un informe de CCOO, que advierte de que los fondos para atenderlos solo han aumentado un 31% en ese mismo periodo. Se incluyen aquí a los alumnos con algún tipo de discapacidad intelectual o trastornos del espectro autista (se han incrementado un 36%); a estudiantes con dificultades específicas de aprendizaje (han aumentado un 66%); o al alumnado con situaciones de vulnerabilidad social (que se ha disparado más de un 128%).Hay, en definitiva, muchos tipos de alumnos y cada uno necesita una atención específica, bien porque tiene alguna discapacidad, bien porque es extranjero y todavía no domina el idioma, porque viene de una familia vulnerable, o porque ha llegado a mitad de curso. "El malestar también está en que tenemos que lidiar con muchos problemas del alumnado, que tiene que ver muchas veces con el enganche que tienen a redes sociales y por el malestar social que hay en general. Entonces, estás todo el rato apagando fuegos", cuenta la docente de tercero y cuarto de la ESO. "Ahora se necesita un informe para todo. Antes le podías dedicar mucho más tiempo a tu alumnado o a preparar materiales"El problema, según señalan los docentes, no es la diversidad de las aulas, sino la falta de recursos para atenderla en clases con demasiados alumnos por profesor. Así lo cuenta Antonio García, profesor de cuarto de Primaria en la Comunidad Valenciana, que asegura que con 25 alumnos por aula no dan abasto. A ello se le suma la burocracia a la que deben enfrentarse a diario, y que no hace más que aumentar ese desgaste. "Para todo se necesita un protocolo o un informe. Antes le podías dedicar más tiempo a tu alumnado, o a preparar materiales o a reforzar aprendizajes, y ahora se emplea en completar documentación que muchas veces no repercute en el alumno", subraya. Eso, además, va engrosando la jornada de los profesores hasta superar las horas que en realidad deberían hacer por contrato. El trabajo real supera ampliamente la jornada oficial debido a reuniones, coordinación, adaptación curricular, atención a las familias y tareas administrativas. "El profesorado sobrepasa holgadamente su horario oficial", sostiene Héctor Adsuar, secretario de Enseñanza Pública no universitaria de CCOO. Según subraya, las funciones y las exigencias al profesorado "han ido siempre a más", sin aumentar recursos ni adaptar plantillas. Y el resultado es una sensación de sobrecarga permanente. Para el dirigente sindical, aunque no se hayan llevado a cabo recortes en los últimos años, hacer que aborden "más cosas" sin los recursos necesarios es lo mismo que un recorte. "No es tan evidente, pero es igual o más frustrante para las profesionales de la educación", sostiene. "Si no se ponen medidas, esto escalará a más"Desde el sindicato piden un estatuto marco que fije unas condiciones mínimas para los docentes, con reducción de horario lectivo, ratios más bajas que las actuales y la posibilidad de una jubilación anticipada. Exigen también una reducción de la carga burocrática y una mayor atención a los riesgos de salud laboral y sociales de los docentes, hasta ahora "muy poco cuidados". "Y luego el reconocimiento profesional. Consideramos que se ha progresado, pero no lo suficiente para los tiempos actuales. Los docentes tienen una responsabilidad social máxima que debería reconocerse a nivel retributivo pero también elevándolos a todos al subgrupo A1 de funcionarios", defiende Adsuar. Según cuenta, hay también "mucha tela que cortar" en lo que respecta a la formación inicial y al ingreso de los docentes, pero sostiene que hay temas más relevantes a los que prestar atención antes, como los mencionados. El dirigente sindical señala tanto a las comunidades autónomas como al Gobierno central, y les culpabiliza a ambos de la situación actual. "Es como si no consideraran una prioridad el bienestar del sistema educativo y, por tanto, de su profesorado, y tendremos que hacérselo ver. Si no ponen soluciones, si no ponen medidas, esto escalará a más", concluye, antes de asegurar que probablemente las movilizaciones se multiplicarán y se generalizarán, hasta llegar a una posible huelga general a la vuelta de las vacaciones de verano.