No tienen bastante con educar a nuestros hijos, enseñarles materias y competencias, seguir programaciones pedagógicas, rellenar interminables protocolos, informes y memorias, adaptarse a la enésima reforma educativa, mantener la buena convivencia, supervisar el recreo, resolver conflictos, prevenir el acoso y atajarlo cuando es detectado, cuidar la salud mental de los alumnos, enfrentar problemas sociales y familiares que nada tienen que ver con la docencia, atender las quejas de las familias, asumir a menudo actividades extraescolares, organizar viajes, salidas y graduaciones, y todo ello después de haber estudiado y superado unas oposiciones, y haberse pasado años recorriendo la provincia o la comunidad de pueblo en pueblo hasta tener una plaza propia…, no tienen bastante con todo este agotador párrafo, que además ahora también tienen que defender la educación pública.

Eso es lo que hacen estos días docentes de todos los niveles educativos en Cataluña, la Comunidad Valenciana y Aragón, así como educadoras infantiles de Madrid y las que se están uniendo de toda España: defender la educación pública. Habrá quien piense que vale, que muy bien, que la educación es cosa de ellos, y vea sus protestas como un conflicto laboral, pero qué va: es cosa de toda la sociedad, de eso que nos gusta llamar “comunidad educativa” y que no son solo profesores, alumnos y familias, sino que además de incluir al personal administrativo o de limpieza (que solemos dejarlos fuera), en sentido extenso nos alcanza a todos.