Los maestros denuncian que la falta de manos y recursos para atender a los alumnos con necesidades genera frustración entre los docentes y lastra el rendimiento de toda la clase
En la escuela Joan Maragall de Sabadell tienen nueve alumnos con algún trastorno o problema de aprendizaje, y 13 más todavía sin diagnóstico médico. Para atenderlos cuentan con dos profesoras de educación especial y una
/2024-11-27/las-educadoras-de-alumnos-con-trastornos-denuncian-que-son-tratadas-como-trabajadoras-de-segunda.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/espana/catalunya/2024-11-27/las-educadoras-de-alumnos-con-trastornos-denuncian-que-son-tratadas-como-trabajadoras-de-segunda.html" data-link-track-dtm="">vetlladora, que durante toda la jornada se reparte entre esos nueve alumnos, de manera que puede estar tres horas a la semana con cada uno, algo insuficiente para un perfil de alumno que requiere un apoyo casi constante. “Cada día hay más alumnos con necesidades especiales y más graves, pero nos faltan manos para atender a todos los alumnos y eso crea frustración entre el profesorado, que además se siente cuestionado”, resume la directora Cristina Amat.
Son vivencias que podrían suscribir la mayoría de escuelas públicas catalanas, a las que se suman el malestar por las elevadas ratios, la falta de reconocimiento social, sueldos congelados desde hace años y unas direcciones ahogadas por la burocracia. Con todo este caldo de cultivo, que ha ido macerando lentamente en los últimos años, finalmente ha estallado en un descontento generalizado que se ha visualizado en las asambleas que los directores han organizado en diferentes territorios y en la manifestación de noviembre que sacó a la calle miles de docentes y personal educativo. Este miércoles, el sector quiere volver a marcar músculo en una jornada de huelga -a la que están convocados centros públicos y concertados- que los sindicatos y las escuelas consultadas aseguran que será “mayoritaria”.






