No sé cuándo empezaron a torcerse las cosas, si es que alguna vez estuvieron más o menos enhiestas, porque no siempre estamos en Conversación en la catedral de Vargas Llosa. Pero sí recuerdo una conferencia, hace muchos años, en un congreso iberoamericano de periodistas de una colega chilena. Se quejaba de la «invasión», decía ella, de las ciencias sociales y las humanidades en la educación, especialmente en la Secundaria: "Menos latín, menos historia, y más matemáticas y conocimientos prácticos". Con los años, me he cansado bastante de argumentar contra esos prejuicios aparentemente pragmáticos. Por eso, en mi última ocasión como enseñante de Secundaria, me limitaba a defender, y a practicar, el principio placer, el clásico "instruir deleitando" porque si no se entiende eso se fracasa casi siempre. La clave, por supuesto, en las personas que enseñan. Y las personas que enseñan están muy enfadadas, con razón, por su situación económica en general, y por la definición de su carrera profesional en particular. Se vio en las manifestaciones del la pasada semana, en especial en Valencia, con participaciones masivas. Más, ¿cuánto dura eso en el carrusel de las noticias? El medio minuto de los planos aéreos de las calles, un par de declaraciones de alguna de las más de treinta mil personas en el caso de Valencia, y a otra cosa. La reflexión sobre la enseñanza está hurtada en nuestro país y en los similares, por la inmediatez de la información y el ritmo demencial que esta marca, y porque interesan a quien dice qué es lo que tiene que interesar, otras cosas. La vieja pregunta: ¿quién manda en la información? Respuesta cruel, sobre todo para los que trabajan en su actual elaboración, entre demencial, paroxística y de dudosa calidad. La educación como problema y como necesidad de ajuste inmediato no está en las agendas informativas y ya no digamos en las políticas. En un país descentralizado como el nuestro, debería ser mucho más fácil el diagnóstico y la aplicación de soluciones, entre otras cosas, para eso se apostó por este modelo. Pero no es así, no está funcionando porque en la distribución de los dineros públicos cada comunidad autónoma hace un poco lo que quiere, trabajan siempre en el corto plazo, y, últimamente, casi todas están enredadas en las supuestas bajadas de impuestos. Con eso se pueden ganar elecciones, qué falacia, pero con la educación se gana el futuro, de las personas y de las sociedades. A ver.