En ‘El fin de la educación tal y como la conocemos’, Díez defiende una transformación profunda del sistema educativo, con más propósito, libertad docente y sentido para quienes aprenden

Hay revelaciones que no se anuncian con fanfarria, sino en silencios mínimos. En un momento de pausa, camino de una reunión o durante una mañana como cualquier otra. Sonia Díez tuvo la suya en el interior de un ascensor, poco antes de cumplir los 59. “Ya casi”, pensó frente a la imagen que le devolvía el espejo. Después de décadas orbitando la educación desde todos los ángulos —de alumna a madre, docente o fundadora de centros—, entendió que había llegado el momento de dejar de adaptarse y empezar a decir lo que muchos saben y pocos se atreven a formular: que la escuela, tal y como la conocemos, ya no basta.

Fruto de ese gesto íntimo y rebelde nace El fin de la educación tal y como la conocemos (Medialuna, 2025), un libro escrito desde el amor a la enseñanza, pero sin tapujos. En él no hay nostalgia ni cinismo, sino una mirada que mira de frente. Díez, presidenta de la Fundación Ítaca y del Comité Científico de la Cátedra EducAcción de la UAM, no lamenta el pasado, sino que cuestiona el presente y señala lo que duele —la desconexión, la pérdida de sentido, el cansancio docente, la ansiedad estudiantil o el espejismo de enseñar para aprobar y no para entender—, pero también lo que late: escuelas que ya están rompiendo inercias, profesores que sostienen mundos y estudiantes que aún esperan algo distinto de los adultos.