Una herencia puede bloquearse antes incluso de empezar a repartirse. Antes de discutir quién se queda la casa familiar, el apartamento de la playa o el dinero del banco, los herederos deben resolver una pregunta aparentemente sencilla, pero a menudo explosiva: qué bienes formaban realmente parte del patrimonio del fallecido. En un país donde el INE estima 446.982 defunciones en 2025, no todas las sucesiones acaban en conflicto, pero el volumen de herencias que se abren cada año ayuda a dimensionar el alcance económico y familiar de una disputa que puede llevar a los herederos al juzgado.En Catalunya, además, el calendario fiscal no espera a que los herederos hayan resuelto todas sus discrepancias: la Agència Tributària de Catalunya fija un plazo general de seis meses desde la defunción para presentar la declaración del impuesto de sucesiones, con posibilidad de pedir una prórroga durante los cinco primeros meses, que comporta intereses de demora.“El primer gran conflicto suele ser determinar qué bienes forman parte de la herencia”, resume Meritxell Gabarró, directora de Gabarró Advocats Herències. La abogada sitúa ahí el origen de muchos bloqueos: “Todo comienza con una demanda en la que se inventaría el patrimonio hereditario según el criterio de quien la presenta”. Esa demanda, añade, “se dirige contra el resto de herederos con los que no se ha podido alcanzar un acuerdo”.El inventario, primer campo de batallaLa división judicial de una herencia no siempre empieza con la pregunta de quién se queda cada bien, sino con otra anterior: qué bienes forman realmente parte de la herencia. Cuando los herederos no logran ponerse de acuerdo, la Ley de Enjuiciamiento Civil prevé un procedimiento para pedir al juzgado que intervenga y ordene la partición. A esa vía puede acudir, entre otros, un coheredero cuando no existe otra forma de repartir la herencia.El inventario de la herencia puede convertirse en el primer foco de conflicto cuando los herederos discrepan sobre qué bienes pertenecían realmente al fallecido. Iakov Filimonov (JackF)Gabarró explica que, cuando los herederos no coinciden sobre el contenido del caudal, “se celebra una primera vista en la que el juez decide qué bienes deben incluirse”. No se trata de una discusión menor: “Es habitual que surjan disputas sobre si determinados bienes, como un inmueble, forman o no parte de la herencia”.Uno de los ejemplos más frecuentes, según la letrada, aparece en las cuentas bancarias compartidas. “El hecho de figurar como cotitular en una cuenta no implica necesariamente que ese dinero sea propiedad de quien aparece en ella”, advierte. La afirmación apunta a una diferencia clave entre titularidad formal y propiedad económica efectiva, especialmente delicada cuando el dinero ha sido aportado por el causante y otro familiar figuraba como cotitular por razones prácticas.Valorar antes de repartirUna vez cerrado el inventario, el conflicto puede desplazarse a la valoración. “Una vez fijado el inventario, el siguiente paso es valorar los bienes, y eso lo realiza un perito judicial”, señala Gabarró. Ese trámite tiene impacto directo en el coste: “La valoración judicial es más costosa que la privada, lo que incrementa el coste del procedimiento”.La fase no es solo técnica, ya que si un inmueble, una sociedad familiar o una cartera de activos tiene valores discutidos, el resultado puede alterar la composición de los lotes y las compensaciones entre herederos. Por eso Gabarró insiste en que “cada fase del procedimiento —inventario, valoración y reparto— puede convertirse en un nuevo foco de conflicto entre los herederos”.En el derecho civil catalán, todo coheredero puede pedir la partición de la herencia, salvo supuestos de indivisión ordenada por el causante o pactada por los herederos; y, si no hay acuerdo ni procede otra forma de partición, cualquiera puede instar la partición judicial.El contador partidor y el cuaderno particionalTras inventariar y valorar llega el reparto. “Con el inventario y la valoración ya definidos, se nombra a un contador partidor, que es quien se encarga de repartir la herencia”, explica Gabarró. “El contador partidor elabora el llamado cuaderno particional, donde establece cómo se distribuyen los bienes entre los herederos”.La figura no es ajena al sistema sucesorio catalán, ya que el Código Civil de Catalunya permite que el causante encomiende la partición a un albacea o contador partidor, que debe actuar conforme a las reglas fijadas por el testador y, en lo no previsto, según la ley.Pero la intervención judicial no elimina necesariamente el coste emocional. “El proceso judicial no solo es más lento, también es considerablemente más caro que una solución extrajudicial”, sostiene Gabarró. Y añade: “Más allá del coste económico, este tipo de procedimientos suele implicar un importante desgaste personal y familiar”.Testamentos más claros para evitar pleitosPara Josep Ferrer i Riba, catedrático de Derecho Civil y director de la Comisión de Codificación de Catalunya, la prevención empieza antes del fallecimiento. “Cuando hay una pluralidad de herederos, puede ser oportuno hacer la partición en el mismo testamento”, afirma. “Eso puede evitar que después los hijos se peleen a la hora de repartirse el patrimonio”.El Código Civil de Catalunya contempla expresamente que el causante pueda hacer la partición mediante acto entre vivos o de última voluntad, ya sea sobre toda la herencia, una parte del caudal o bienes concretos, y que también pueda establecer reglas vinculantes para la partición.Ferrer i Riba lo traduce a ejemplos cotidianos: “A Joan le dejo la casa, a Mercè el apartamento de la playa, a Martí el dinero del banco”. Incluso cuando el objetivo es tratar a los hijos por igual, sostiene, conviene concretar: “Eso evita después la dificultad de hacer la partición”.El problema, según el catedrático, aparece cuando el testamento identifica herederos pero no resuelve el destino concreto de los bienes. “Hay familias donde el problema no es quién hereda, sino cómo se reparten concretamente los bienes”, apunta. “Todo lo que el testador deja sin concretar puede acabar siendo fuente de discusión”.Familias, patrimonio y falta de previsiónLa complejidad aumenta cuando el patrimonio es heterogéneo o la familia no responde al modelo tradicional. “En familias reconstituidas es especialmente importante analizar bien qué se deja a cada uno”, advierte Ferrer i Riba. “Cuanto más complejo es el patrimonio o la estructura familiar, más importante es ordenar bien la sucesión”.Gabarró coincide desde la práctica procesal: “Si el testamento no prevé una partición clara, los herederos deben negociar y tratar de alcanzar un acuerdo entre ellos”. El problema es que, cuando la negociación falla, “se llega a lo que siempre se intenta evitar: acudir al juzgado”.La abogada subraya que la división judicial “no es el punto de partida, sino la consecuencia de no haber podido resolver el reparto ni en el testamento ni mediante acuerdo entre herederos”. En muchos casos, añade, “el resultado al que llega el juzgado podría haberse alcanzado previamente mediante acuerdo, pero con menos coste, menos tiempo y menos conflicto”.Cuando la lista de bienes decide el futuro de la herenciaEl inventario puede parecer un trámite, pero en muchas herencias acaba siendo el primer gran bloqueo. Antes de repartir, los herederos deben aclarar qué bienes pertenecían realmente al fallecido, quién puede reclamarlos y qué valor tienen. Si no hay acuerdo en ese punto, el conflicto puede alargarse y terminar en el juzgado.Ferrer i Riba lo resume desde la prevención: “El problema muchas veces no es la ley, sino la falta de previsión”. Gabarró lo observa desde la práctica judicial: “Todo este proceso es lento, costoso y genera desgaste personal, por eso siempre se intenta evitar”.Por eso, en sucesiones con varios herederos, bienes difíciles de dividir o relaciones familiares deterioradas, el inventario no es solo una lista. Puede marcar la diferencia entre una herencia pactada y un conflicto que se prolongue durante años.
Herencias bloqueadas por el inventario: cuando los herederos ni siquiera se ponen de acuerdo sobre qué bienes hay que repartir
El desacuerdo sobre qué integra el caudal hereditario puede convertir la partición en un procedimiento judicial lento, caro y emocionalmente desgastante












