La herencia no empieza el día en que se firma un testamento, sino muchas veces cuando la familia, ya en duelo, debe localizar documentos, hablar con bancos, ir al notario, liquidar impuestos y ponerse de acuerdo sobre bienes que no siempre son fáciles de dividir. En Catalunya, además, la tramitación fiscal tiene un calendario preciso: la autoliquidación del impuesto de sucesiones debe presentarse y pagarse, con carácter general, en los seis meses posteriores al fallecimiento, aunque puede pedirse una prórroga dentro de los cinco primeros meses.En ese contexto, la planificación sucesoria ya no se limita a decidir quién hereda. También puede consistir en dejar instrucciones claras, prever escenarios familiares complejos y nombrar a una persona de confianza para ejecutar la voluntad del fallecido. En 2024, los notarios catalanes autorizaron 139.858 testamentos, según el Colegio Notarial de Cataluña, una cifra que la institución situó en máximos históricos.Meritxell Gabarró, directora de Gabarró Advocats Herències, lo resume con una frase que escucha a menudo en el despacho: “Todo lo que pueda dejar hecho por mis hijos, lo dejo hecho”. A veces, explica, la decisión de planificar responde al miedo a un conflicto futuro. Otras, simplemente, a la voluntad de aliviar carga. “A veces se trata de prevenir que pueda haberlo. Y otras veces es, simplemente, una manera de dejarlo todo hecho”, afirma.El albacea como figura de confianzaUna de las herramientas para ordenar ese tránsito es el albacea, la persona designada para ejecutar la voluntad del testador. “Nombrar a un albacea puede ser un regalo”, sostiene Gabarró. La abogada lo plantea no solo como una figura jurídica, sino como una forma de acompañamiento después de la muerte: “Hay clientes que me lo dicen así: ‘Para mí forma parte del regalo dejarte a ti como albacea, porque sé que se lo entregaréis bien y que no tendrán que sufrir todo el proceso’”.El albacea actúa como una figura de confianza encargada de ejecutar la voluntad del testador y facilitar el proceso a los herederos. CedidaLa descripción conecta con una realidad práctica. “Tramitar una herencia no es sencillo: papeles, bancos, notarios, impuestos, certificados, documentos que faltan”, enumera. En su experiencia, ese recorrido puede agotar a los herederos: “La gente se cansa y desiste”. Por eso, algunos padres no solo quieren repartir bienes, sino dejar identificado quién gestionará el proceso. “También hay padres que tienen hijos con mucho trabajo y dicen: ‘Queremos dejarles también quién se lo llevará’”.Gabarró compara esa previsión con otra decisión cada vez más normalizada: dejar organizado el funeral. “Lo viven como quien deja pagado y escogido el entierro para que los hijos no tengan que cargar con ese marrón”, explica. “Es la misma filosofía”.El catedrático de Derecho Civil Josep Ferrer i Riba, director de la Comisión de Codificación de Catalunya, subraya que no existe una fórmula universal. “No hay un único tipo de testamento idóneo para todo el mundo: depende de la edad del testador, de sus circunstancias personales y familiares y también de su situación patrimonial”, advierte. “No es lo mismo tener un gran patrimonio, una empresa, unos pocos ahorros o la vivienda familiar”.Pensar la herencia antes de que llegueLa clave, coinciden los expertos, está en anticipar problemas concretos. Gabarró asegura que, cuando prepara un testamento, intenta situarse mentalmente en el día posterior al fallecimiento. “Cuando preparo un testamento, me imagino que ya estoy en el momento de la herencia”, dice. “Me planteo los problemas y conflictos que puedo encontrarme en el futuro. Y le pregunto al testador: ‘Si pasara esto, ¿qué querrías?’”.Ese ejercicio sirve para reducir zonas grises. “Yo siempre digo que necesito dejar el camino lo más trazado posible”, afirma. “Cuanto más especificada queda la voluntad, más fácil es ejecutarla y menos margen hay para discutir”. En la práctica, añade, una planificación detallada puede tener efectos económicos y familiares: “Evitamos discusiones entre los hijos o entre los beneficiarios, evitamos un posible pleito, acortamos plazos y reducimos costes”.Ferrer i Riba introduce aquí una cautela relevante: el testamento no es un documento que deba quedar congelado si la vida cambia. “A veces no se ha previsto todo lo que se debería haber previsto, o se ha hecho un testamento y después han pasado cosas que cambian lo que se había previsto”, explica. “Eso ya no es culpa del testamento, sino del testador, que no ha modificado su testamento cuando tenía que hacerlo”.Repartir bienes, no solo porcentajesEn muchas familias, el conflicto no surge tanto por el porcentaje que corresponde a cada heredero como por la adjudicación concreta de los bienes. La vivienda familiar, una segunda residencia, participaciones en una empresa o determinados objetos con valor sentimental pueden convertirse en puntos de fricción.Ferrer i Riba recuerda que, “cuando hay varios herederos, puede ser oportuno hacer la partición en el mismo testamento para evitar que después los hijos se peleen a la hora de repartirse el patrimonio”. Incluso cuando la voluntad es igualitaria, concreta, puede ser útil ir más allá del reparto por cuotas: “Incluso si quieres que todos tus hijos hereden por partes iguales, puede ser útil decir qué se queda cada uno”.“El propio testador puede hacer el reparto del patrimonio, en todo o en parte, dentro del testamento”, añade el catedrático. “Eso evita después la dificultad de hacer la partición”.Gabarró lo traduce al trabajo diario del albacea. “La idea del albacea es evitar el pleito”, resume. “Si el testamento ya deja muy claro cómo debe hacerse, el albacea puede decir: ‘Esto está escrito así, y se hará así’”. Aun así, evita presentar la figura como una garantía absoluta: “Siempre se puede acabar en el juzgado, pero si hay un albacea con facultades y el testamento está bien especificado, el margen es mucho menor”.Cuando no hay testamentoLa alternativa a no planificar no es la inexistencia de reglas, sino la aplicación automática de la ley. “Si no hay testamento, se abre la sucesión intestada y es la ley la que dice quién hereda”, explica Ferrer i Riba. “Cuando alguien muere sin testamento, hay que hacer una declaración de herederos, y eso es un poco más costoso que cuando existe testamento”.En Catalunya, además, el testamento tiene una característica esencial. “En Catalunya, el testamento debe tener institución de heredero: tienes que designar una o varias personas como herederas”, señala. “El heredero recibe los bienes que no has dejado a otra persona y también se hace cargo de las deudas”.La advertencia es especialmente relevante en familias reconstituidas. “En familias reconstituidas, con personas que se vuelven a casar o tienen hijos con una segunda pareja, es importante analizar bien qué se deja a cada uno porque ahí hay una cierta complejidad”, apunta Ferrer i Riba.Gabarró también insiste en la dimensión humana del cargo. “El albaceazgo es un cargo de mucha confianza”, afirma. “Alguien deposita en ti la confianza para que lleves la herencia a buen puerto. Y yo no paro hasta llegar ahí”. Para ella, el albacea actúa cuando el cliente ya no puede hacerlo: “Es un servicio post mortem. El cliente ya no está, pero yo sigo siendo una extensión de su voluntad”.La recepción familiar puede variar. “El albacea tiene muchas caras”, admite. “A veces eres una albacea impuesta y alguien te manda a paseo. A veces eres una figura neutra: aceptan que estás ahí y ya está. Y a veces la reacción es positiva: ‘Qué bien que los padres nos hayan dejado incluso esto resuelto’”.En algunos casos, explica, los hijos ya conocen esa decisión porque los padres la han comunicado antes: “El día que nosotros faltemos, ya tenéis a la abogada que os lo llevará todo”. Y, según Gabarró, esa información previa suele ser recibida con alivio: “Los hijos lo agradecen. No tienen que preocuparse de nada”.La planificación sucesoria no elimina el duelo ni convierte una herencia en un trámite automático. Pero sí puede reducir incertidumbre, evitar discusiones innecesarias y dar instrucciones a quien tendrá que actuar cuando el testador ya no esté. Como resume Gabarró, se trata de dejar “el camino lo más trazado posible”.
“Todo lo que pueda dejar hecho por mis hijos, lo dejo hecho”: cómo evitarles el papeleo de una herencia
Nombrar albacea, concretar el testamento y anticipar trámites puede reducir conflictos, plazos y costes cuando llega el momento de repartir una herencia








