Las ciudades de Valença do Minho, Ponte de Lima, Braga y Viana do Castelo están hermanadas por el Camino de Santiago Portugués y por su pasado romano. También son enclaves ideales para disfrutar del arte, la historia y la arquitectura en el norte del país
Las relaciones entre vecinos nunca fueron fáciles. Si no, que se lo pregunten a España y Portugal, tan cercanos, tan parecidos y tan mosqueados los unos con los otros a lo largo de la historia. Basta con cruzar el puente de hierro sobre el Miño que une las ciudades de Tui, en Galicia, y Valença do Minho, en Portugal, para ver que las relaciones de vecindad en estos pagos fueron más convulsas que un capítulo de Aquí no hay quien viva.
Para defender su frontera norte de los españoles, los portugueses construyeron en su orilla del Miño/Minho una fabulosa fortaleza en forma de estrella, siguiendo al pie de la letra la biblia de la ingeniería militar dictada por Vauban. Es decir, un complejo de baluartes y frentes, diseñados con ángulos salientes para eliminar puntos ciegos y permitir que la artillería disparara desde todos los flancos. Para resistir los cañonazos de los españoles, las murallas ya no eran altas y delgadas, como en época medieval, sino que se construyeron bajas, chaparras y reforzadas por taludes de tierra para absorber el impacto de las balas de la artillería enemiga. Los españoles no se quedaron atrás y levantaron algo parecido en Tui, aunque de aquella fortaleza nos ha quedado mucho menos que de la portuguesa, tan bien conservada que se considera una de las joyas de la arquitectura militar del Renacimiento en Europa.










