Hablar del románico palentino es hablar de uno de los conjuntos medievales más importantes de Europa. Pocas provincias concentran tantas iglesias, monasterios, ermitas y pequeños templos repartidos por todo el territorio. Porque aquí el románico no se limita a unos pocos grandes monumentos conocidos. Aparece también en pueblos muy pequeños, en mitad de Tierra de Campos o entre los valles y montañas del norte de Palencia, formando parte del paisaje con total naturalidad.

El gran símbolo de todo ese patrimonio quizá sea la iglesia de San Martín de Tours, en Frómista. Es una de las imágenes más reconocibles del románico español y, por ello, el típico ejemplo que suele ilustrar el capítulo dedicado al románico en los libros de texto. Pero el románico palentino va mucho más allá. Está en los frisos escultóricos de Carrión de los Condes, en monasterios como San Andrés de Arroyo o Santa María la Real de Aguilar de Campoo, en iglesias excavadas en la roca como Olleros de Pisuerga o en pequeñas ermitas rurales que todavía conservan capiteles, canecillos y pinturas de hace casi mil años.

Además, recorrer esta ruta también es una buena manera de descubrir una provincia muy diversa. El patrimonio se distribuye entre el Camino de Santiago, las llanuras del sur y las comarcas montañosas del norte, donde aparecen algunas de las mayores joyas del recorrido. Desde Frómista o Villalcázar de Sirga hasta Moarves de Ojeda, Mave, Aguilar de Campoo o San Salvador de Cantamuda, la ruta enlaza algunos de los templos más importantes del románico español con otros mucho más pequeños y discretos, pero igual de interesantes.