De Oviedo a San Salvador de Priesca, una ruta por los pequeños templos que pusieron al reino de Asturias a la vanguardia de la arquitectura europea
Asturias es una de las regiones españolas que ofrece más miradas turísticas. Puedes recorrerla con muchísimas excusas: sus montañas, sus
lfe-recorriendo-a-pie-el-paraiso-asturiano-mas-natural.html" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://elpais.com/elviajero/escapadas/espana/2024-10-09/de-barayo-a-frejulfe-recorriendo-a-pie-el-paraiso-asturiano-mas-natural.html" data-link-track-dtm="">playas, su patrimonio industrial, sus ciudades, la gastronomía… Vamos, que razones no faltan. A mí una de las que más me ha cautivado desde siempre es recorrer Asturias siguiendo las huellas del prerrománico, ese arte tan asturiano como la sidra, que por su valor fue declarado patrimonio mundial de la Unesco en 1985. Me fascina la elegante sencillez de esas pequeñas iglesias diseminadas por prados y montañas, verdaderas filigranas arquitectónicas levantadas nada menos que en el siglo IX.
Pongámonos primero en contexto. Tras la caída del Imperio Romano, la Europa cristiana de los siglos V a XI bebió de esas fuentes clásicas para desarrollar un arte y cultura propios que incorporaban también elementos de los pueblos germánicos y del influjo oriental que les llegaba del sur. En Europa fue el estilo carolingio. Pero en el reino de Asturias, aislado del islam por las montañas cantábricas, surgió otra forma de construir iglesias y edificios civiles inédita hasta el momento por la solidez de sus construcciones —evitaba en todo momento la madera— y por la incorporación de decoración. Se le conoce como prerrománico. Su mayor éxito fue el uso de la bóveda de medio cañón casi dos siglos antes de que se generalizara en Europa. Y el uso de contrafuertes para sujetar los muros y arcos de medio punto peraltados, que hacían innecesarios los arcos de herradura visigóticos. Podríamos vacilar con que Asturias era en la centuria del 800 la vanguardia arquitectónica de la cristiandad.






