España y Portugal comparten una proximidad cultural y geográfica única, una relación económica sólida y una profunda vocación histórica de apertura al mundo y de cooperación internacional. Ambos países llevan cuatro décadas en la Unión Europea y se adhirieron al euro desde su creación. Al mismo tiempo, mantienen estrechos lazos históricos, culturales y económicos con países de ambos lados del Atlántico.En relación con América Latina, estos lazos profundos sitúan a España y Portugal en una posición singularmente ventajosa para actuar como puentes entre Europa y los países latinoamericanos, promoviendo una mayor integración económica y financiera entre las dos regiones. Esto resulta especialmente relevante ante la elevada incertidumbre geopolítica actual, que puede conducir a retrocesos en el multilateralismo y a pérdidas de eficiencia en la asignación global de recursos. El reciente acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur, que crea un mercado más integrado para 770 millones de personas, es un ejemplo convincente del importante potencial para reforzar estos vínculos transatlánticos.Los bancos centrales de España y Portugal mantienen una relación profunda con los países latinoamericanos, incluyendo una tradición bien establecida de colaboración en iniciativas bilaterales y foros multilaterales, como el Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos (CEMLA) y la Asociación de Supervisores Bancarios de las Américas (ASBA). Más recientemente, se celebró el Banco de España LatAm Economic Forum, cuya primera edición reunió, en mayo, a decenas de gobernadores de bancos centrales y reputados economistas.Tanto a nivel europeo como en la relación con América Latina, el Banco de España y el Banco de Portugal pretenden desempeñar un papel más relevante e impulsar una agenda común. Para ello, hemos organizado en los últimos meses reuniones regulares de alto nivel (la más reciente, este viernes), en las que hemos analizado la integración de nuestras economías y cómo podemos hacerla más provechosa y eficiente para los ciudadanos. De este análisis bilateral también pueden extraerse valiosas lecciones para fortalecer los intercambios entre América Latina y la Península Ibérica, y con el resto de la Unión Europea.En el comercio, España y Portugal han profundizado considerablemente sus relaciones en las últimas décadas, aunque todavía existe un margen significativo de mejora, sobre todo en los servicios. Queda camino por recorrer para lograr una mayor movilidad laboral y una mayor inversión productiva y financiera transfronteriza. En el ámbito energético, España y Portugal también han alcanzado una gran complementariedad.Una vez concluido este análisis, estaremos en condiciones de proponer recomendaciones para identificar y superar las barreras estructurales a la prosperidad compartida. Se trata de un enfoque que también puede replicarse entre la Península Ibérica y América Latina, ayudándonos a identificar y eliminar los obstáculos a una integración más completa y provechosa.Nuestros intercambios se extienden también a la estabilidad financiera: hemos compartido, por ejemplo, experiencias en la aplicación de medidas basadas en la capacidad de pago de los prestatarios para el crédito hipotecario y al consumo (Portugal) y en la calibración del colchón de capital anticíclico (España).En el ámbito tecnológico, hemos impulsado la inversión en inteligencia artificial (IA) y analizado la importancia de la soberanía digital. Los nuevos desarrollos en modelos de IA y en la computación cuántica acentúan la necesidad de compartir planes de acción que refuercen la resiliencia operativa de un sistema financiero ibérico altamente interconectado.Las posibilidades no se agotan aquí: sistemas de pagos, simplificación regulatoria, moneda digital, educación financiera, lucha contra el fraude, entre otras áreas. El Banco de España y el Banco de Portugal también están dispuestos a promover una mayor cooperación e integración de los sistemas financieros de América Latina y Europa. Si sabemos aprovechar nuestras fortalezas, la Península Ibérica puede convertirse en un motor de esta conexión transatlántica, fomentando una mayor cooperación e integración económica, así como la prosperidad de nuestros pueblos y ciudadanos.