La modernidad llegó a las rías gallegas de Vigo, Pontevedra,
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//elpais.com/elviajero/2019/08/08/actualidad/1565255892_735231.html" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://elpais.com/elviajero/2019/08/08/actualidad/1565255892_735231.html" data-link-track-dtm="">Muros-Noia, Arousa y Corcubión como un elefante en una cacharrería. Tanto que se acuñó un término para definir los desmanes urbanísticos y arquitectónicos: el feísmo. Pero a pesar de las fachadas alicatadas hasta el techo, del uso de materiales no convencionales y de que cada uno ha construido como le ha venido en gana, quedan rincones, aldeas, pueblos e incluso localidades más grandes con todo el encanto de aquellas antiguas villas marineras hechas de granito de Porriño. Aquí van seis de ellas.
Yendo de Cangas de Morrazo hacia el monte do Facho, extremo suroeste de la península del Morrazo, en la ría de Vigo, aparece esta pequeña parroquia dependiente de Cangas frente a cuya iglesia hay uno de los cruceiros más famosos de Galicia y, sin duda, el más trabajado: el cruceiro de Hío.
Se trata de una maravilla escultórica tallada en un solo bloque de piedra por el artista Ignacio Cerviño hacia el año 1872, donde tienen cabida las ánimas del Purgatorio, el Paraíso de Adán y Eva y el Descendimiento. La figura central es el Cristo ayudado por dos hombres a ambos lados de la cruz, aunque en la escena intervienen también la Magdalena, Nicodemo, Juan de Anmetea, San Juan y la Virgen María. El cruceiro compone un escenario perfecto entre la ermita de San Andrés, con portada románica, y la Casa Rectoral, un soberbio edificio en granito con 300 años de historia.






