En la ría de Arousa se recolectan almejas y berberechos de la mano de una mariscadora, en una conservera se aprende a distinguir una buena lata, en barco se llega hasta una batea y en el parador se come un marisco y un pescado traídos del mercado la tarde anterior con un albariño. En Cambados, el Atlántico se ocupa de todo

A la plaza de Abastos de Cambados (Pontevedra) llega parte del pescado que los barcos sacan de la ría de Arousa. Por lo menos una cajita con xoubas (sardinillas), rapantes (gallos) y lirios (bacaladillas) va directa al parador. De sus cocinas sale ya convertido en fritura, solo con la cobertura de la harina de garbanzos; no necesita casi sal, llega bien escurrido, fresquísimo, el mar está enfrente. Con ayuda de la pala se retiran las espinas laterales del rapante; de su esquena se desprenden cuatro lomitos blancos, delicados, jugosos, listos para que un niño se inicie en esta dieta. Los lirios tienen un sabor profundo, su carne es suelta. El que quiera, que use las manos para echarse las sardinillas a la boca, se comen como pipas. Digámoslo ya, no son los pescados más nobles, a Galicia se la conoce por otras cosas, pero estas especies engrandecen la carta del parador, siempre pendiente de todo lo que ocurre en su máxima cercanía. También sirven rodaballo, raya y pulpo, y almejas, vieiras, camarones, cigalas, que nadie tema. Todo vive en esas aguas frías llenas de nutrientes que dan trabajo y placer.