Los presidentes de gobierno de la democracia son cinco hasta hoy, considerando a Suárez como el presidente de la transición y a Calvo-Sotelo menos relevante por breve. Veremos cuál será el legado de Pedro Sánchez, pero el resto carga casi unánimemente con pesadas mochilas. Felipe González, en el ámbito moral, por haber amparado la guerra sucia contra ETA, los asesinatos de los GAL y la sospecha sobre el señor X que la diseñó, más la financiación irregular del PSOE con el caso Filesa y los casos de corrupción ejemplificados con el caso Roldán. José María Aznar carga la inmoralidad de la guerra de Irak y la pestilencia de la Gürtel, muy bien representada en la boda faraónica de su hija. EfeMariano Rajoy arrastrará siempre la infamia de la operación Catalunya y el uso de los cuerpos de seguridad para atacar a oponentes políticos o antiguos amigos como en el caso del tesorero Bárcenas y la continuidad en la tolerancia ante la corrupción y las dudas sobre quién era el M. Rajoy que recibía dinero negro en sobres.Algunos de los indicios del caso Zapatero, que quizá no son delitos, sí que hablan de prácticas poco edificantesHasta ahora, un nombre de esta corta lista andaba libre de esta pesada carga: José Luis Rodríguez Zapatero. Al abanderado del talante dialogante, de eterna sonrisa y autoridad moral, se le perdonaban los desastres de su gestión durante la crisis inmobiliaria y algunas cesiones incalificables en esa época. En su haber, las leyes en defensa de derechos civiles como el aborto o el matrimonio homosexual, el fin de ETA propiciado por su diálogo con el entorno terrorista y una firmeza ante el espectro conservador y ultraconservador muy apreciada por los votantes socialistas y progresistas en general. Y, sobre todo, un aura de político honrado de firmes convicciones éticas.El caso que le investiga, instruido por un juez que asegura que era el cerebro de una trama de tráfico de influencias y blanqueo de capitales, tardará mucho en ser juzgado. Pero algunos de los indicios ya conocidos, que quizá no son delitos, sí que hablan de prácticas poco edificantes. Con mochilas más o menos pesadas, ahora sí que la lista está completa. Y, si todos son iguales, siempre gana el extremismo que sostiene que la democracia es un sistema fallido que hay que derribar.