Margen de errorEn una pol�tica organizada en dos bloques muy enfrentados, cualquier cr�tica al propio bando se interpreta como una ayuda al adversario y toda dimisi�n como una victoria del rivalPedro S�nchez, junto a Mar�a Jes�s Montero en el Comit� Federal del PSOE.Actualizado Domingo,

junio

23:18Audio generado con IATodos los gobiernos monocolor de la democracia espa�ola tuvieron dimisiones ministeriales. Las hubo con Su�rez, Calvo-Sotelo, Gonz�lez, Aznar, Zapatero, Rajoy e incluso en el primer Gobierno de Pedro S�nchez. Solo los gobiernos de coalici�n han roto esa tradici�n. Desde 2020 ning�n ministro ha dimitido por un esc�ndalo.En toda la democracia espa�ola se han producido 23 dimisiones ministeriales. Once estuvieron relacionadas con esc�ndalos y el resto con discrepancias pol�ticas o decisiones personales de gran relevancia. El dato resulta llamativo porque casi la mitad de las dimisiones no respondieron a un esc�ndalo. El ministro simplemente asum�a que no deb�a continuar.Jos� Luis Corcuera dimiti� cuando el Tribunal Constitucional anul� parte de su ley de seguridad ciudadana. Alberto Ruiz-Gallard�n dej� el Gobierno tras la retirada de la reforma de la ley del aborto. Manuel Pimentel abandon� el ministerio por un caso que afectaba a un colaborador de su confianza. M�xim Huerta dimiti� una semana despu�s de ser nombrado y Carmen Mont�n dej� Sanidad un d�a despu�s de publicarse las irregularidades de su m�ster.�Tiene la culpa la coalici�n? Es una explicaci�n intuitiva, pero la comparaci�n internacional no la respalda. Los gobiernos de coalici�n no dimiten menos que los monocolor y en muchos pa�ses europeos sucede justamente lo contrario. Lo que s� ha cambiado en Espa�a es la pol�tica de bloques. Hasta hace unos a�os, los ministros no solo respond�an ante la oposici�n o los medios. Tambi�n eran juzgados por dirigentes de su propio partido o de su propio espacio pol�tico. Exist�a una fiscalizaci�n interna. Un ministro pod�a convertirse en un problema para su Gobierno, para su partido o para la instituci�n que representaba.La polarizaci�n ha debilitado ese mecanismo. En una pol�tica organizada en dos bloques muy enfrentados, cualquier cr�tica al propio bando se interpreta como una ayuda al adversario y toda dimisi�n como una victoria del rival. Por eso quedarse deja de ser una decisi�n personal para convertirse en una obligaci�n pol�tica. Hace apenas tres d�cadas, Julio Anguita reclamaba la dimisi�n de Felipe Gonz�lez como un ��ltimo gesto de dignidad�. Aquella forma de entender la responsabilidad pol�tica pertenece a un mundo pol�tico que ya no existe.