Pedro Sánchez llegó al poder en 2018 en aquella famosa moción de censura contra la corrupción del PP, defendida desde la tribuna del Congreso por José Luis Ábalos. Cosas que pasan. El 1 de junio de ese año se produjo la victoriosa votación y, de inmediato, se formó el autocalificado como "Gobierno bonito". Pero 13 días después llegó la primera dimisión en ese hermoso gabinete, cuando el nuevo presidente forzó la caída del periodista y escritor Màxim Huerta, ministro de Cultura y Deporte, porque unos años antes había tenido una discrepancia con Hacienda, como otros muchos contribuyentes. Y a los tres meses, Sánchez forzó la dimisión de Carmen Montón, ministra de Sanidad, por un plagio en sus tiempos universitarios.En aquel momento iniciático de su poder, Pedro Sánchez consideraba que la dimisión o destitución de altos cargos políticos ofrecía a los ciudadanos una virtuosa imagen de limpieza. Además, marcaba distancias con los gobernantes del PP de la época y fortalecía la seña de identidad de su Gobierno y de su partido. Pero Sánchez aprendió entonces que, muy al contrario, cada dimisión o destitución provocaba sensación de crisis y debilidad y eso no podía aceptarlo, porque Sánchez no soporta parecer débil. Como consecuencia, se acabaron las dimisiones.Llegados a 2026, ocho años después de alcanzar el poder, Pedro Sánchez solo ha consentido la caída de Santos Cerdán, por razones obvias. Pero, también, porque no era miembro de su Gobierno. Tiempo antes sí había fumigado a José Luis Ábalos, sacándolo de su ministerio y de la Secretaría de Organización del partido. Pero lo hizo disimulando el operativo como una remodelación normal de su Gobierno, con efectos colaterales en el PSOE. La demostración de que quiso disimular la verdad es que Sánchez lleva años negándose a dar una explicación verosímil del motivo de aquella destitución, y que, sorprendentemente, la suavizó recuperando a Ábalos en las listas del PSOE para las elecciones de 2023. Todo ello, hasta que el hedor de sus corruptelas resultó insoportable.Y hemos llegado a esta semana de junio, tan papista, con el ministro del Interior en su cargo y con la directora general de la Guardia Civil en el suyo, después de que se demostrara, con papeles del propio Gobierno de por medio, lo que todo el mundo sabía desde meses atrás: que o bien mentía el ministro al negar las reuniones de la directora general de la Guardia Civil con Leire Díez, o bien la directora general de la Guardia Civil mintió a su ministro al negar esas reuniones, o bien mentían ambos con enorme desahogo. Pero acompañemos al Papa, después veamos los partidos del Mundial, luego vayámonos de vacaciones, y en septiembre, vuelta al cole.
Mentiras y dimisiones
Llegados a 2026, ocho años después de alcanzar el poder, Pedro Sánchez solo ha consentido la caída de Santos Cerdán, por razones obvias.







