Comentarios liberalesEl Gobierno y el partido de S�nchez no se pueden distinguir de esa organizaci�n criminal descrita y condenada por el Tribunal SupremoActualizado Viernes,
junio
00:20Audio generado con IALas agendas de Gertrudis, secretaria del beato Jos� Luis de Calcuta, revelan una arquitectura institucional que desconoc�amos. Hasta ahora, siguiendo la Constituci�n, cre�amos tener un jefe del Estado, el Rey, votado por aplastante mayor�a de la naci�n en el refer�ndum constitucional de 1978, y un presidente del Gobierno elegido por el Parlamento y que jura ante el Rey guardar y hacer guardar la Constituci�n. Las funciones del Gobierno, su composici�n y funcionamiento, est�n tambi�n fijados en el texto constitucional, y su desempe�o hasta 2004, mal que bien, se ajustaba a lo previsto.Tras el 11M y la llegada al poder de Zapatero, todo cambi�, pero Bambi fing�a respetar la legalidad del r�gimen que subvert�a, ora desde el Tribunal Constitucional, convertido en Supremo del Supremo, ora desde la Fiscal�a General del Estado, en manos de Pumpido, ganz�a para robar las joyas de la soberan�a nacional. Pero leyes como la de Memoria Hist�rica, que atenta radicalmente contra las libertades, iban a ser abolidas, o eso prometi� Rajoy, cuando cambiara el Gobierno. Y la mayor�a absoluta que le dio el pueblo no sirvi� de nada. Nada cambi�, salvo la hora de la siesta, que se alarg� considerablemente. Y la llegada a la Moncloa de S�nchez nos devolvi�, corregido y aumentado, aquel estado de Excepci�n permanente que hab�a insaturado Zapatero. En �l seguimos. Con un cambio inesperado.Pero en los comienzos del sanchismo, el PSOE consideraba que ZP le daba mala imagen, porque su gesti�n de la econom�a, los brotes verdes convertidos en n�meros rojos, nos arruin�. Sin embargo, ayer, Moncloa lamentaba que se le tratase como un apestado. Justo cuando apesta.�Qu� ha pasado? Que si el Gobierno y el partido de S�nchez no se pueden distinguir de esa organizaci�n criminal descrita y condenada por el Supremo, el presidente del Gobierno, sin el que ninguna de las fechor�as de sus subordinados habr�a podido cometerse, es, a su vez, una pieza esencial, pero ni �nica ni superior, de la organizaci�n criminal internacional que el juez Calama retrata en su auto y que considera, sin duda alguna, dirigida por Zapatero. Su hiperactividad delictiva, que nace de su predicamento en Moncloa, est� descrita con todo detalle en las agendas de Gertrudis, el ama de llaves de este Manderley, sin Rebeca y ardiendo.Zapatero, por encima de todos los ministros, primus inter pares, est� en todos los negocios pol�ticos de S�nchez. �l va a Waterloo a negociar con Puigdemont, aunque en la foto salga Cerd�n. �l estaba en Rabat. �l mete a S�nchez en el maletero de Delcy. �l acab� con �balos. Y �l acabar� con S�nchez, en Soto del Ferraz. Al tiempo.







