Asuntos internosEs leg�timo albergar dudas acerca de que un puesto creado para un perfil concreto en una Diputaci�n haya acabado en un juicio penalDavid S�nchez, declarando ante la Audiencia Provincial de Badajoz.EFEActualizado Viernes,

junio

23:47Audio generado con IAOcho separan aquel primer Gobierno bonito de Pedro S�nchez, el sue�o de Aaron Sorkin, de esta pesadilla de personajes sacados de una serie zombi. Los sumarios, los autos, los juzgados, las televisiones y las webs de los diarios se han poblado de figuras comediantes dignas de cualquier reality. Ya nos eran familiares la aspereza y el desali�o de le�ador frustrado de Koldo, la inmensa jeta corruptora de Aldama, el poder consumido en el rostro de �balos, las muchas mujeres que llenaban el coraz�n de cinco estrellas del ex ministro, la se�ora Pano con su familia y el taciturno Santos Cerd�n, sigiloso en su rudeza de doble personalidad.Casi hab�amos olvidado a aquella Leire D�ez. Ha vuelto el mejor y m�s acabado de los comediantes de la legua socialista. La impostora por excelencia. Lenguaraz, desacomplejada, sin filtros, una aut�ntica vedette. Hay cosas que dice y cosas que se cuentan de ella que, si no estuvieran grabadas, nadie podr�a creer. Y a�n escuchando las grabaciones, conozco a mucha gente que no se puede creer lo que oye ni lo que lee. Yo misma tengo dificultades para asumir que la osada Leire, pimpinela escarlata de los desdichados socialistas que caen en manos de los jueces, pueda ser una persona real y no un invento de los guionistas de la cloaca de papel. Leire quer�a hacer m�ritos para que el presidente la pusiera en un altar. Todo le val�a para consumar el plan de su vida.De todos los personajes que se nos brindan a la contemplaci�n delante de los jueces, el m�s aut�ntico, triste y desventurado es David S�nchez. El hermano peque�o de Pedro S�nchez no se parece en nada al presidente del Gobierno. Parece t�mido, inseguro, como si estuviera de prestado en esta su vida p�blica no deseada. David S�nchez asiste a su juicio pidiendo perd�n en silencio, rogando que nadie le vea, descolocado ante las c�maras, con la mirada temerosa ante los jueces. No hace muecas, como �balos y Cerd�n, nunca se r�e y, salvo entre los antisanchistas patol�gicos, el m�sico despierta ternura en su banquillo de los acusados.Los jueces dir�n si es inocente o culpable. Pero es leg�timo albergar dudas acerca de que un puesto creado para un perfil concreto en una Diputaci�n haya acabado en un juicio penal. Como si fuera el �nico. No todos los casos son iguales.