EditorialMientras el presidente agitaba una vez m�s el espantajo del pasado, aparec�a nuevo material incriminatorio que refuerza la hip�tesis de que Zapatero actu� como un comisionista internacionalPedro S�nchez, este mi�rcoles en el Congreso.Actualizado Mi�rcoles,
junio
23:54Audio generado con IACada sesi�n de control al Gobierno deber�a servir para que el presidente rindiera cuentas sobre los asuntos que m�s preocupan a los ciudadanos. La celebrada ayer produjo exactamente el efecto contrario. Mientras en el Congreso Pedro S�nchez desplegaba una nueva exhibici�n de victimismo, relativismo moral y ataques a la oposici�n para eludir cualquier responsabilidad por la corrupci�n que asedia a su entorno pol�tico, la Polic�a remit�a a la Audiencia Nacional otro informe demoledor sobre Jos� Luis Rodr�guez Zapatero.La coincidencia temporal no hace sino agravar la sensaci�n de irrealidad pol�tica en la que vive instalado el Gobierno. S�nchez dedic� buena parte de su intervenci�n a acusar a Alberto N��ez Feij�o de representar �el regreso de la corrupci�n�, y volvi� a presentar como episodios aislados los numerosos esc�ndalos que afectan al PSOE, a su partido, a su familia y a quienes han sido sus colaboradores m�s estrechos. Pero mientras el presidente agitaba una vez m�s el espantajo del pasado, aparec�a nuevo material incriminatorio que refuerza la hip�tesis de que Zapatero actu� durante a�os como un comisionista internacional que monetizaba su ascendencia pol�tica y sus contactos institucionales.La Udef atribuye ahora al ex presidente el cobro de 200.000 euros a trav�s de una sociedad pantalla por realizar gestiones ante las m�s altas autoridades de Bolivia en beneficio de un conglomerado empresarial peruano. A ello se a�aden unas agendas y conversaciones que dibujan un retrato inquietante de su verdadera posici�n de poder: reuniones sistem�ticas con ministros, encuentros peri�dicos con S�nchez, interlocuci�n permanente con Santos Cerd�n y F�lix Bola�os, y un protagonismo decisivo en las negociaciones con Junts. �No puedo tener ingl�s. L�o con Junts�, escribi� el propio Zapatero a su secretaria. En otra conversaci�n anunciaba que, tras verse con �el presi�, se reunir� con Bola�os, Mar�a Jes�s Montero y Juanfran Serrano.Todo ello confirma que Zapatero no era un ex dirigente retirado dedicado a actividades privadas, sino un ministro t�cito del sanchismo, una figura con acceso privilegiado al n�cleo duro del poder mientras desarrollaba una intensa actividad internacional hoy sometida al escrutinio judicial. Y ayuda a explicar la llamativa seguridad con la que se mov�a y la conciencia de impunidad que exhib�a de manera imp�dica.Ante semejante acumulaci�n de indicios, S�nchez volvi� ayer a optar por la fuga hacia delante. La cuesti�n ya no es cu�nto tiempo resista sino cu�nto puede soportar la credibilidad de las instituciones espa�olas un presidente empe�ado en convertir cada sesi�n de control en un ejercicio de propaganda mientras la realidad judicial desmiente, una tras otra, todas sus coartadas.









