�ltimamente hemos conocido varios hechos que dejan bien a las claras la naturaleza del r�gimen sanchista. Por un lado, est� la imputaci�n de Zapatero, adem�s de las investigaciones sobre las denominadas cloacas del PSOE y la posible financiaci�n ilegal del partido. Por otro, tenemos la acreditada existencia de una �organizaci�n criminal� dentro del Gobierno (fiscal Luz�n dixit), a lo que se une el desv�o de m�s de 2.000 millones de euros de fondos europeos al pago de pensiones revelado por el Tribunal de Cuentas. No es de extra�ar que el Parlamento Europeo haya alertado del �deterioro institucional� en nuestro pa�s.Pero todo esto no es m�s que la punta del iceberg. Desde que fue nombrado presidente, S�nchez no s�lo ha gobernado a golpe de decreto-ley, sino que tambi�n ha aprobado leyes inconstitucionales y apoyado otras ignorando informes jur�dicos en contra. Ha abusado del decreto �mnibus y utilizado la tragedia de la dana para hacerse con el control de RTVE, convirti�ndola en un aparato de propaganda gubernamental que ni Silvio Berlusconi habr�a imaginado en sus mejores sue�os. Ha ignorado informes europeos en materia de reformas electorales y judiciales. Ha minado la independencia judicial, en verdadero peligro seg�n el informe del Parlamento Europeo, poniendo en tela de juicio resoluciones judiciales e intentado reformas de la judicatura que le han acarreado un enfrentamiento con asociaciones de jueces. Ha colonizado las instituciones, desde el CIS al Tribunal Constitucional. Ha reducido la efectividad gubernamental al nombrar para puestos clave a personas que, desprovistas de la moral y la �tica indispensables en un servidor p�blico, carec�an no ya s�lo de las habilidades necesarias, sino incluso de la titulaci�n requerida para realizar su trabajo. Ha superado con creces el r�cord de asesores y altos cargos monclovitas a su servicio. Ha indultado a allegados pol�ticos y aprobado una amnist�a que �l mismo consideraba inconstitucional. Ha formado gobiernos con aquellos con los que nunca pactar�a. Ha hecho cesiones a sus socios separatistas cuya constitucionalidad est� en tela de juicio. Ha ignorado al Congreso en decisiones trascendentales y rescatado compa��as ruinosas por simples intereses familiares. En materia de pol�tica exterior ha actuado unilateralmente, yendo incluso contra la posici�n tradicional de su propio partido: ah� est�n el S�hara, Palestina, Cuba, Venezuela, Ir�n, China… Ha vulnerado el protocolo de la Casal Real en m�s de una ocasi�n. Ha sido castigado por la Junta Electoral hasta cuatro veces, convirti�ndose en el presidente m�s sancionado de la democracia. Ha sido acusado de corrupci�n por sus compa�eros de la Internacional Socialista. Ha sacado a ETA de la lista de organizaciones terroristas de la Uni�n Europea y facilitado la excarcelaci�n de presos etarras sin haber cumplido ni siquiera la mitad de su condena. Ha permitido que la Moncloa fuese utilizada tanto para los negocios particulares de su mujer como para dar cobijo a su hermano, cuando pretend�a estar viviendo en el pa�s vecino. Ha procedido a la regularizaci�n de inmigrantes ilegales en contra del criterio de la Comisi�n Europea. Ha organizado unas elecciones en pleno verano, sin pensar en los ciudadanos y s�lo por conveniencia pol�tica. Ha amenazado, despu�s de tres a�os ya sin Presupuestos Generales, con gobernar al margen del Parlamento.Visto lo visto, �alguien duda de que en los �ltimos a�os, m�s que un simple cambio de Gobierno, se ha producido un cambio de sistema pol�tico? Y si es as�, �de qu� tipo? Pues, a pesar de que la calidad de nuestra democracia ha empeorado considerablemente desde la llegada de socialistas y comunistas al poder en enero de 2020, no podemos hablar de un sistema autoritario cl�sico: la Espa�a sanchista no es ni una monarqu�a absoluta ni una oligarqu�a ni una autocracia stricto sensu; ni siquiera una dictablanda. Lo que nuestro presidente ha instalado es lo que hace ya m�s de un siglo el jurista e historiador alem�n Max Weber, considerado uno de los fundadores de la sociolog�a pol�tica, denomin� �gobierno patrimonial�, entendido como �toda forma de gobierno […] cuyo ejercicio se caracteriza por un Gobierno sult�nico plenamente personal con una forma de administraci�n desp�tica e irrestricta por la tradici�n�. Basado en las conexiones personales y la lealtad, as� como en recompensar a los amigos y castigar a los enemigos (ya sean reales o percibidos), �la forma sult�nica del patrimonialismo� se distingue de cualquier forma de gobierno racional por su estilo desp�tico que, en vez de definirse por instituciones y reglas, reemplaza las l�neas de autoridad formales por otras informales y personalizadas, m�s propias de pandillas callejeras y organizaciones criminales (caso �balos). Y es que, como tambi�n afirmaba Weber, �con el desarrollo de un staff administrativo del gobernante puramente personal […], todo gobierno tiende al patrimonialismo y el poder se maximiza hacia el sultanismo�.Si bien Weber (J.C.B. Mohr, 1922) pensaba, all� por los a�os 20, que este tipo de gobierno t�pico de sociedades tradicionales era una cosa del pasado, polit�logos como Juan Linz, Giovanni Sartori o Wolfgang Merkel han venido resucitando el concepto para referirse, respectivamente, a los gobiernos de Trujillo en la Rep�blica Dominicana, Berlusconi en Italia y Trump en EEUU. De hecho, fue Linz el que, como buen estudiante de Weber, redefini� el sultanismo a finales de los 90 junto a su antiguo doctorando Houchang Chehabi, hoy catedr�tico en la Universidad de Boston.Seg�n estos autores (CEPC, 2009), los reg�menes sult�nicos, organizados en torno a l�deres m�s que a estructuras institucionalizadas y racionales, se caracterizan por una selecci�n cuidadosa de los principales cargos gubernamentales bas�ndose en criterios de lealtad y no en principios meritocr�ticos. No es, por tanto, de extra�ar que entre los elegidos se encuentren a menudo amigos, familiares y compa�eros de negocios. Es m�s, dado que la lealtad al gobernante no es tanto ideol�gica como personalista, en base a un sistema de �miedo y recompensa�, el funcionariado, casi siempre elefanti�sico, acaba siendo tratado como si fuese personal de servicio. Son las cosas que tiene la megaloman�a. Asimismo, en este tipo de reg�menes el poder es ejercido por el gobernante de una manera discrecional, sin ataduras morales (robo de primarias) ni ideol�gicas (pacto Frankenstein). Las normas acaban diluy�ndose dado que el gobernante es quien decide y tiene la �ltima palabra: ��La Fiscal�a de qui�n depende?… Pues ya est� (S�nchez dixit). En el sultanismo, los l�mites entre la esfera p�blica y la privada se difuminan, hasta el punto de que el Estado contrata (o rescata) a empresas del gobernante o cercanas a �l, sus familiares y allegados. El clientelismo, el nepotismo y la corrupci�n se convierten en norma, reemplazando a las instituciones formales. No es de extra�ar, pues, que S�nchez, al igual que Berlusconi en Italia con el Palacio Chigi, haya convertido el Palacio de la Moncloa en un verdadero sultanato. Al fin y al cabo, como ya dijo Sartori (Editori Laterza, 2010) sobre Il Cavaliere, a S�nchez �s�lo le importa hacer lo que quiere�.Muchos de los elementos del sultanismo, al menos en su tipo ideal, describen el actual Gobierno de Espa�a con una precisi�n asombrosa. No completamente, claro est�. Al fin y al cabo, siempre habr� diferencias entre el prototipo y la realidad. Sobre todo, cuando, tal como ha se�alado el polit�logo alem�n Wolfgang Merkel (Toda Peace Institute, 2025), la definici�n tipo tiene ya m�s de un siglo y su definici�n m�s moderna (neo-sultanismo) se introdujo hace casi 30 a�os. Pero �no es cierto que el Gobierno sanchista ha utilizado en m�ltiples ocasiones el c�digo de amenaza y recompensa? �Acaso no se distingue tambi�n de cualquier forma de gobierno racional en que ha adoptado decisiones arbitrarias m�s all� del tradicional estilo de Gobierno en Espa�a? �Acaso no es cierto, como ya dej� escrito Weber, que S�nchez se comporta como un �se�or personal� rodeado de �sirvientes�, m�s que de �funcionarios p�blicos�? Las purgas dentro de su propio partido y en medios afines es buena prueba de ello. De modo que quiz�, m�s que ser �el puto amo�, como dir�a nuestro infame ministro de Transportes y Movilidad (in)Sostenible, es muy posible que Pedro S�nchez sea un sult�n, ahorr�ndonos el adjetivo.
El Gobierno sult�nico de S�nchez
�ltimamente hemos conocido varios hechos que dejan bien a las claras la naturaleza del r�gimen sanchista. Por un lado, est� la imputaci�n de Zapatero, adem�s de las...









