Ciudad abiertaLos socialistas denuncian una turbia conspiraci�n de un 'deep state'franquista de la misma forma que los sediciosos lo hicieron despu�s de 2017 -y los batasunos, siempre-El presidente del Gobierno, Pedro S�nchez.EFEActualizado Martes,

junio

00:04Audio generado con IADe todos los esc�ndalos que salpican al PSOE, el m�s grave en t�rminos democr�ticos es el caso Leire: el presunto intento de neutralizar causas e investigaciones policiales que afectas en pol�ticamente al Gobierno. Es cierto que aquellos casos en los que se habr�a producido un enriquecimiento il�cito pueden alcanzar mayores cotas de inmoralidad y desfachatez. Pero los supuestos delitos de las cloacas de Ferraz afectar�an a la m�dula misma de la democracia. Lo que se investiga es nada menos que el supuesto intento de torpedear -mediante el cohecho, el chantaje y un largo etc�tera de ilegalidades- el funcionamiento del Estado de Derecho para crear nuevos espacios de impunidad. Todo con el amparo del principal partido que sostiene al Ejecutivo, y en beneficio de los intereses de quien es a la vez secretario general del PSOE y presidente del Gobierno.El caso es que, siendo el m�s grave, este es el esc�ndalo que menos le pueden reprochar a S�nchez sus socios parlamentarios. Y, por lo tanto, es el que menos deber�a hacer peligrar su continuidad en la Moncloa. La explicaci�n es sencilla: desde hace ocho a�os, los partidos en los que se ha apoyado S�nchez para gobernar han buscado que el presidente neutralice sus propios problemas con la Justicia. Esto ha sido especialmente visible en la relaci�n con quienes protagonizaron la crisis catalana de 2017, ERC y Junts, y en el rosario de decisiones gubernamentales que lleva desde los indultos a la amnist�a, pasando por las modificaciones del C�digo Penal al gusto de los sediciosos.Es cierto que S�nchez no ha sido exactamente la Leire de Junqueras y Puigdemont, sobre todo porque sus esfuerzos en beneficio de sus aliados se hicieron a plena luz del d�a y por cauces legales. A cambio, tambi�n en este plano se desvirtuaron aspectos esenciales de la democracia, al naturalizar la arbitrariedad y la impunidad por razones de conveniencia pol�tica -quien argumente que el objetivo no era seguir en Moncloa sino �pacificar Catalu�a� deber�a plantearse si hay una cesi�n de S�nchez a los sediciosos, una sola, que no est� vinculada al voto de ERC y Junts en alg�n decreto, ley, presupuesto o investidura-. Y si bien los partidos que se beneficiaban de estas decisiones eran los del separatismo catal�n, el resto de la coalici�n sanchista tambi�n las ampar�. El proyecto de desarmar las consecuencias penales del proc�s cont� con el apoyo entusiasta de Podemos/Sumar, Bildu, BNG... y con la aprobaci�n expl�cita del PNV.No es casualidad, en fin, que haya tal simetr�a entre el discurso del PSOE de estas semanas y el de sus socios de estos a�os. Los socialistas denuncian una turbia conspiraci�n de un deep state franquista de la misma forma que los sediciosos lo hicieron despu�s de 2017 -y los batasunos, siempre-. Por esto siempre result� tan inveros�mil la pretensi�n central de aquella moci�n de censura de la que ahora se cumplen ocho a�os: �c�mo se iba a apoyar un proyecto de limpieza y regeneraci�n institucionales en partidos que buscaban abiertamente desmontar el funcionamiento del Estado de Derecho y de la Constituci�n? Ese fue el pecado original del sanchismo, la inmensa contradicci�n entre los objetivos declarados de la moci�n y la naturaleza de los partidos en los que acept� apoyarse para alcanzar el poder. Un pecado original, por cierto, que quienes ahora desean impugnar el sanchismo no deber�an repetir. Ni siquiera con una moci�n instrumental.