El caso de las presuntas cloacas del PSOE no solo ha abierto un nuevo frente judicial para el partido y el Gobierno. También ha dejado al descubierto las dificultades de Ferraz y Moncloa para mantener un relato coherente sobre Leire Díez. En apenas unos meses, los socialistas han pasado de presentarla como una militante "friki" a admitir vínculos previos con el partido; de prometer acciones contundentes e inmediatas contra quienes perjudicaran al PSOE a seguir sin querellarse contra ella pese al contenido del sumario; o de negar reuniones entre la exmilitante y la directora de la Guardia Civil a terminar reconociéndolas horas después para asegurar que carecían de relevancia. Una sucesión de matices, rectificaciones y cambios de versión que ha acabado socavando la estrategia de Pedro Sánchez ante el caso Leire.Hace un año, cuando salieron a la luz los audios de Leire Díez, la primera reacción del PSOE y del Gobierno fue reducir el asunto a la actuación aislada de una militante sin responsabilidades orgánicas ni capacidad para hablar o actuar en nombre del partido. Insistían con firmeza en que no había conexión con Ferraz ni con Moncloa. De hecho, tanto en privado como ante los medios, dirigentes socialistas se esforzaron en describirla como una especie de "Antoñita la fantástica" o una "friki" con afán de protagonismo que buscaba hacerse un hueco en el partido por iniciativa propia y sin que nadie le hubiera encomendado misión alguna.Sin embargo, esa versión empezó a erosionarse a medida que fueron apareciendo fotografías, reuniones y contactos que acreditaban una relación mucho más estrecha con dirigentes socialistas. La propia Leire Díez había desempeñado responsabilidades en las empresas públicas de Correos y Enusa. Así, lo que inicialmente se presentó como una figura marginal acabó apareciendo como alguien con acceso a espacios políticos y también a la Administración.La estrategia pasó entonces de centrarse en si tenía relación con el partido a explicar el tipo de relación que existía. Si en un primer momento se insistió en que se trataba de una figura ajena a Ferraz, posteriormente reconocieron que el PSOE le había abonado más de 15.000 euros por trabajos como "periodista" en 2017 —una cifra que esta misma semana el PSOE elevó a 45.000 euros—. En todo caso, en la dirección socialista siguieron negando que actuara como una "fontanera" del partido, aunque ya no podían sostener con la misma contundencia la imagen de una militante completamente desconectada de la organización.Durante meses, además, Ferraz trató de encuadrar el caso dentro de una ofensiva política, mediática y judicial contra el PSOE. La estrategia consistía en denunciar una campaña de desgaste de la derecha y restar credibilidad a las acusaciones. Pero ese marco también empezó a complicarse cuando la Audiencia Nacional fue incorporando nuevas diligencias y la UCO avanzó en sus pesquisas, aunque los socialistas siguieron insistiendo en la teoría del "linchamiento".De actuar de "inmediato" a una querella que nunca llegaLa semana pasada se produjo un nuevo giro después de que el juez situara a Leire Díez en el centro de una presunta operación destinada a obtener información comprometedora sobre investigadores y causas que afectaban al entorno socialista y, más específicamente, al presidente. Entre otras cuestiones, el informe de la UCO cifra en 35 las reuniones entre Díez y Santos Cerdán e incluye tres contratos que supuestamente sirvieron para financiar la presunta trama a través de "facturas mendaces". Además, el partido también elevó la semana pasada de 15.000 a 45.000 euros los pagos a Díez entre por sus "servicios" como asesora de comunicación en Cantabria.Tras las nuevas revelaciones de la UCO, el partido empezó a pedir "tiempo" para analizar la documentación y decidir si emprender acciones contra la presunta fontanera. En concreto, Ferraz se aferró a la necesidad de esperar a conocer el contenido íntegro del sumario antes decidir si querellarse contra alguien que, según su propia tesis, estaría utilizando el nombre del partido sin su consentimiento.El problema es que, una vez levantado el secreto y conocidos los principales elementos del sumario, la decisión sigue sin tomarse. Ferraz sigue sin dar el paso de querellarse contra Leire Díez y vuelve a apelar a la prudencia y a la necesidad de seguir analizando la documentación. Una cautela que choca con el discurso que el propio partido ha mantenido durante meses: que actuaría con contundencia contra cualquier persona identificable que perjudicara los intereses o la imagen del PSOE. La promesa de una respuesta inmediata y contundente se ha transformado así en una espera indefinida.La tesis oficial que el Gobierno sigue sosteniendo es que todo responde a una "suma de comportamientos individuales" protagonizados por "farsantes, oportunistas y resentidos". Sin embargo, el sumario de la causa apuntan a una realidad más compleja, al situar el presunto objetivo de algunas de esas maniobras en la protección del presidente y del PSOE frente a los distintos frentes judiciales que les afectan.De la "tranquilidad" a la "preocupación"A medida que fueron aflorando reuniones, conversaciones y gestiones recogidas en el sumario, también fue cambiando el discurso oficial. Si en un primer momento tanto el PSOE como el Gobierno restaban importancia al caso, insistiendo en que aquellas actuaciones no tenían relación alguna con la organización y trasladando incluso "tranquilidad", el foco ha pasado ahora a subrayar el desconocimiento absoluto de lo ocurrido. Ya no niegan la existencia de los contactos o las maniobras investigadas, sino que aseguran que ni Ferraz ni Moncloa tuvieron conocimiento de ellas y a ellos también les "indigna" todo lo acontecido.El cambio de tono quedó reflejado este mismo viernes en las palabras de Sánchez. Lejos de la tranquilidad que trataban de exhibir cuando se conoció el auto, el presidente reconoció este viernes sentirse "preocupado" por los hechos conocidos. "No conocía ni nunca se me ha informado de las andanzas de Leire Díez, porque si las hubiera conocido, no las hubiera tolerado", afirmó ante los medios.De negar reuniones a admitirlasAdemás, la investigación introduce un elemento clave y especialmente incómodo para Moncloa, porque desplaza el foco de Ferraz a las instituciones del Estado: las reuniones que mantuvo Leire Díez con la directora general de la Guardia Civil, Mercedes González. En un primer momento, tanto desde el entorno de la directora general como desde el propio Ministerio del Interior se negó la existencia de estas reuniones.Sin embargo, conforme fueron apareciendo pruebas sobre esos encuentros, Mercedes González terminó reconociéndolos, aunque precisando que no guardaban ninguna relación con las maniobras investigadas. Es un cambio de versión que ha tenido que reconocer el propio ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, que aunque inicialmente negó que se hubieran producido las reuniones, este mismo viernes terminó admitiendo que sí se habían producido, aunque tratando de convertir lo que es una contradicción en un matiz. Marlaska precisó que lo que le había dicho González es "no hubo ningún encuentro relacionado con la trama". No obstante, en la misma declaración admite que sí lo hubo, puesto que en el último de ellos, la directora de la Guardia Civil admite que Leire Díez le pide rehabilitar al comandante Rubén Villalba, que había sido apartado de su puesto por estar investigado por el caso Koldo. A pesar de ello, Marlaska se ampara en que Mercedes González cortó la conversación en ese momento y, por ello, continúa respaldándola, al igual que Sánchez. Así, lo que comenzó con negativas o intentos de restar relevancia a los encuentros ha terminado derivando en su reconocimiento tras ciertos ajustes y cambios de versión. Con todo, Sánchez insiste en la tesis de que nunca conoció las "andanzas" de Leire Díez y, en el caso del contacto directo con la directora de la Guardia Civil, asegura que sigue confiando en su "honestidad".