Desde La Moncloa han dado una doble orden: por un lado, seguir atacando a la Justicia y, por otro, proteger al presidente. Se trata de llenar de fango todos los procedimientos y establecer una barrera en torno a Pedro S�nchez. Pero la estrategia cada d�a se muestra m�s complicada de ejecutar.La larga lista de l�deres socialistas que negaban su relaci�n con la 'fontanera' Leire D�ez van cayendo uno tras otro. Ayer mismo, la presidenta del PSOE, Cristina Narbona, recibi� el requerimiento del juez Santiago Pedraz para declarar como testigo (de momento) en el que caso que investiga. La abogada de Koldo ha sido imputada y se espera que en los pr�ximos d�as siga aumentando la lista de un procedimiento por las cloacas del Partido Socialista, cuyo fuerte olor se traslada ya desde Ferraz hasta La Moncloa. Las notas de las agendas de la exmilitante del partido repiten machaconamente su relaci�n con P.S., el "number one" o "el jefe".Sin embargo, Pedro S�nchez sigue actuando como si la cosa no fuese con �l. En unas declaraciones fuera de Espa�a, el presidente insisti� en que nunca supo nada de los tejemanejes de Leire y que no lo habr�a consentido. La palabra nunca ya la utiliz� para desmarcarse de sus pactos con los independentistas, para negar los indultos o la amnist�a y otras muchas promesas incumplidas. Para evitar el putrefacto olor de las cloacas, que no se mitiga ni con la visita a Espa�a del Papa Le�n XIV, el l�der socialista vol� este fin de semana en el Falcon oficial a Barcelona para asistir al festival de m�sica Primavera Sound. Mientras tanto, las redes sociales est�n inundadas de fotos del presidente y muchos de sus m�s directos ayudantes con la 'fontanera'. Todos ellos siguen insistiendo en que no ten�an relaci�n alguna con ella.Ante esta situaci�n, la pregunta que se hacen los espa�oles es: si S�nchez est� tan convencido de su inocencia, �por qu� no demanda a Leire Diez por las insinuaciones de que �l estaba al tanto de todo? Y la respuesta es similar a la de Mariano Rajoy cuando envi� el mensaje de "Luis s� fuerte" a su compa�ero Luis B�rcenas. Uno y otro tienen miedo, p�nico, de que los acusados acaben contando toda la verdad cuando se vean acorralados por la Justicia. Yo descartar�a mensajes similares desde el entorno del presidente, dirigidos a Leire, a Santos Cerd�n o a Jos� Luis �balos, cuya sentencia se conocer� probablemente este mes de junio.El caso ha ido escalando en intensidad a medida que se hac�an p�blicos los documentos en poder de la Audiencia Nacional. Primero fue el auto de imputaci�n y entrada y registro en la sede del PSOE y varias viviendas de sus dirigentes, m�s tarde el sumario y finalmente los informes de la UCO de la Guardia Civil que incluyen las agendas de la supuestamente l�der de la trama corrupta montada para desacreditar a jueces, fiscales, polic�as y periodistas que estaban investigando los casos que afectan al partido. Seg�n el magistrado, todo empez� tras la carta a la ciudadan�a de Pedro S�nchez en que anunciaba que se tomaba cinco d�as de reflexi�n para decidir si merec�a la pena seguir adelante tras la imputaci�n de su esposa, Bego�a G�mez.A partir de entonces, seg�n el sumario, comenzaron las reuniones para dise�ar una estrategia para luchar contra ese y otros casos de corrupci�n que salpicaban al presidente, su familia, su partido y su Gobierno. Una organizaci�n criminal dirigida por el entonces n�mero tres del PSOE, Santos Cerd�n, que utiliz� los medios f�sicos y econ�micos del partido para desarrollar toda una serie de actuaciones delictivas contra diversas personas e instituciones del Estado.Yo, en su d�a, llev� a cabo para el diario 'El Pa�s' una investigaci�n sobre la trama corrupta del comisario Villarejo. Despu�s de tres a�os desvelando las actuaciones presuntamente delictivas del polic�a, fue encarcelado y ya ha sido condenado a varias decenas de a�os de prisi�n, mientras faltan una veintena de procedimientos por juzgar. En su d�a, yo afirm� que se trataba del mayor caso de corrupci�n de la democracia en Espa�a, por su entramado en la Justicia, la polic�a, la pol�tica, la empresa y los medios de comunicaci�n. Pero despu�s de leer el sumario del 'caso Leire', creo que es tan grave como el anterior.No es ninguna coincidencia que en las agendas de la exmilitante socialista haya continuas referencias al comisario corrupto, al que consideraba un modelo a seguir. Lleg� incluso a escribir que hab�a llegado a un acuerdo con Villarejo y que una parte decisiva de su trabajo consist�a en el 'control de togas'. Un sistema utilizado por el polic�a y que, presuntamente, fue copiado por Leire D�az mientras investigaba la vida privada de los jueces, magistrados y fiscales que instru�an los diversos procedimientos por corrupci�n que afectaban al PSOE, a sus l�deres y a los familiares del presidente. El objetivo era extorsionarlos o desacreditarlos ante la opini�n p�blica.La Direcci�n General de la Guardia Civil y la Fiscal�a General del Estado est�n tambi�n en el foco de la investigaci�n por las reuniones que se deduce de las libretas de la 'fontanera' que mantuvo con ellos. Hasta tres veces se reuni� con la directora de la Benem�rita, Mercedes Gonz�lez Fern�ndez, en una cafeter�a cercana a su despacho oficial. Algo que fue negado tajantemente por el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, que ha tenido que reconocer finalmente que s� se celebraron, aunque no para frenar las investigaciones de la UCO.En cuanto a la fiscal�a, las agendas apuntan a varios contactos all� y a la "buena relaci�n" con el anterior fiscal condenado, �lvaro Garc�a Ortiz. Son asuntos que requieren una explicaci�n.Teor�a de la conspiraci�nDesde que empezaron a estallar todos los casos de corrupci�n relacionados con l�deres del PSOE (Jos� Luis �balos, Santos Cerd�n, Koldo Garc�a, Jos� Luis Rodr�guez Zapatero, Leire D�az...) y con familiares del presidente (su esposa y su hermano), desde Ferraz y desde La Moncloa se ha seguido el mismo procedimiento. Primero, negar la mayor, acusando a una trama pol�tico-judicial-medi�tica de conspirar contra ellos. M�s tarde, afirmar que eran casos aislados de personas que han actuado al margen del partido y contra los que se ha respondido de forma contundente. Y, cuando se han ido destapando los detalles de los casos, se ha vuelto a la estrategia inicial de atacar a la Justicia e insistir en que se trata de una conspiraci�n para echar a los socialistas del poder con "m�todos no democr�ticos". Lo que no es democr�tico es que el poder ejecutivo arremeta contra el judicial. En estos momentos, cuando los casos de corrupci�n han pasado de actuaciones particulares a una "organizaci�n criminal" dentro del PSOE (no es descartable que el partido acabe imputado) e incluso empieza a salpicar al Gobierno, desde La Moncloa han dado una doble orden: por un lado, seguir atacando a la Justicia y, por otro, proteger al presidente. Se trata de llenar de fango todos los procedimientos y establecer una barrera en torno a Pedro S�nchez.Pero la estrategia de salvar al soldado S�nchez cada d�a se muestra m�s complicada de ejecutar. Cuando empezaron a conocerse todos los casos de corrupci�n en el PP, los socialistas atacaban a sus l�deres diciendo que si conoc�an lo que hab�a pasado, deber�an dimitir por c�mplices y que si lo ignoraban deber�an irse igualmente por responsabilidad in vigilando. Una doctrina que solamente se aplica cuando afecta al contrincante.Pedro S�nchez acudir� a rendir cuentas al Parlamento el 24 de junio, d�as despu�s de Jos� Luis Rodr�guez Zapatero (el primer presidente del Gobierno imputado) declare ante la Justicia. Adem�s de las acusaciones que pesan sobre el expresidente, hay una cuesti�n que afecta a S�nchez. Se trata de dilucidar si las actuaciones presuntamente corruptas de su predecesor en el extranjero, estaban apoyadas por decisiones diplom�ticas del Gobierno en pa�ses como Venezuela o China, o alg�n otro. Un asunto de extrema gravedad.