Sin acritudLa traici�n de Zapatero al talante resulta proporcional, o incluso mayor, a la esperanza que un d�a depositamos en �lEl ex presidente del Gobierno Jos� Luis Rodr�guez Zapatero.Europa PressActualizado Viernes,
mayo
23:11Audio generado con IAComo tant�simos catalanes de centroizquierda, le vot� dos veces con convicci�n. Frente a la acritud de Aznar, Zapatero ofrec�a otra cosa: una alternativa m�s humilde y conciliadora. Su famoso �talante� no era solo un eslogan; expresaba una forma de entender la pol�tica basada el di�logo y los acuerdos de Estado (en la oposici�n firm� el pacto antiterrorista y la reforma de la justicia). Le llamaban Bambi por blando o ingenuo.Muchos vivimos su victoria tras el 11-M con alivio. Pese a errores como la reforma del Estatut o una gesti�n de la crisis econ�mica que dej� una herencia devastadora, durante a�os mantuve cierta indulgencia hacia �l y su legado. Incluso firm� el ep�logo a un libro m�o, A favor de Espa�a y del catalanismo (2010), cuyo t�tulo ya lo dice todo.Desde hace tiempo su figura empez� a incomodarme profundamente. Su tendencia a tratar como interlocutores razonables a quienes hab�an roto la convivencia en Catalu�a y su decidido apoyo a la amnist�a eran dif�ciles de aceptar. A ello se sumaban su persistente blanqueamiento de la dictadura venezolana, siempre envuelta en una ret�rica de di�logo que sonaba cada vez m�s interesada.Hoy, ante su imputaci�n en el caso Plus Ultra, no queda otra que hacer un ejercicio de honestidad dolorosa. No se trata de condenar antes de tiempo, sino de admitir que los indicios recogidos por la Audiencia Nacional son lo bastante graves como para provocar un profundo malestar.Y aqu� aparece la parte m�s inc�moda para quienes le votamos: no es solo el caso concreto, sino el patr�n que parece dibujarse. La sensaci�n de que en ciertos sectores del socialismo espa�ol se instal� una cultura de impunidad donde el fin -mantener el poder, proteger empresas estrat�gicas o preservar determinadas alianzas internacionales- justificaba casi cualquier medio.No escribo esto con sa�a. Me produce m�s tristeza que rabia. Zapatero siempre proyect� la imagen de un dirigente afable, personalmente desinteresado. Esa imagen se resquebraja cuando un juez le sit�a al frente de una presunta red de influencias con ramificaciones internacionales, incluyendo supuestos pagos a su entorno y empresas vinculadas a sus hijas.Al final, la traici�n al talante resulta proporcional -o incluso mayor- a la esperanza que un d�a depositamos en �l. La justicia dir� si hay culpabilidad penal. La historia, mientras tanto, ya est� juzgando y el veredicto invita a la melancol�a.
















