La gobernabilidad de Cataluña se construye a partir del binomio Illa-Junqueras, que fía sus pactos a la cobertura de la Moncloa, ahora noqueada por el flanco judicial de Zapatero

No hay sobremesa de este final de mayo con regusto a verano en el que no se invoquen dos apellidos: Zapatero y Andic. En las conversaciones de mantel supura la desazón progresista por la imputación del expresidente, interiorizado como último faro moral de la izquierda española, ahora pendiente de una investigación judicial que deja lesiones políticas inmediatas. La notoriedad del goteo de revelaciones ya ha obligado al Gobierno a adoptar una comedida actitud de respeto al trabajo de la justicia, gradación del discurso que no ha pasado desapercibida para el comensal que continúa atónito ante las novedades que radian las secciones de política. Un comensal que también masca noticias y digiere teorías -todas las que puede- sobre las tribulaciones del heredero de Mango, la historia en mayúsculas del true crime catalán, por la mezcla de dinero, poder y muerte, un caso todavía en fase de instrucción y con capítulos por consumir.

Para decepción de Illa y Junqueras, en los ágapes de los últimos días no tiene sitio el anhelado pacto de presupuestos, pospuesto por interés socialista hasta después de las elecciones andaluzas, y validado por ERC y Comuns. Pero la falta de predicamento de las cuentas públicas entre el gran público no quita relevancia al pacto presupuestario, el primero desde 2023 en una Cataluña con un crecimiento neto de 100.000 habitantes por año, aquejado por la falta de vivienda a precios razonables, y con unos servicios públicos saturados y mejorables. El acuerdo, tan necesario como telegrafiado, permite gastar más en un momento de ciclo económico boyante, aporta estabilidad al Govern justo cuando más sufría –por las protestas de docentes y los errores no forzados de los Mossos d’Esquadra- y ratifica la voluntad de ERC de proyectarse como formación conseguidora de pactos. Y, como bonus track, permite ganar tiempo al presidente de los republicanos, deseoso del rol de candidato cuando la amnistía sea efectiva.