La primera orden que sali� de Pedro S�nchez a los suyos al conocerse el caso Zapatero fue que se hiciese una defensa cerrada de �su legado�.�Legado�, mal asunto. Digamos que legado es lo que dejan los muertos. Zapatero es ya para PS�nchez un cad�ver pol�tico, como Cerd�n, �balos, Koldo y el ex fiscal general. El legado remoto; del reciente, ni una palabra. Darlo al olvido cuanto antes. Para eso sirve la Memoria Hist�rica. Elecciones en 2027. Calcula que tendr� tiempo.En estos casos lo mejor es asomarse a los medios afines al Gobierno. En ninguno se habla del legado. Saben que el problema de Zapatero ser�, justamente, el legado.En cuanto a los socios…Rufi�n, una vez m�s. El bulul� del Parlamento espa�ol. Se le echar� de menos. De pie, mostrando en alto el auto del juez Calama como hace Marlon Brando con la toga ensangrentada de Julio C�sar en la pel�cula de Mankiewicz. La v�spera, no obstante, hab�a proclamado su afecto, su amistad, su fe en el ex presidente, tanto como su desprecio por la justicia. Las palabras que pronunci� al d�a siguiente, con las pruebas del crimen en la mano, resumen el sentir de las almas bellas (millones) que est�n deseando saltar del barco y buscan el momento de hacerlo. Para sobrevivir. Para impedir que la h�lice de la Historia les descuartice y haga picadillo su lado correcto. Para evitar que los remolinos y olas de la justicia los engullan. Para no quedarse apresados en los camarotes que usaban como guaridas. Hace bien Rufi�n (gracias, Gald�s, por alentarnos a buscar en la realidad nombres inveros�miles), hace bien Rufi�n, dec�a, postul�ndose a liderar la izquierda espa�ola. Para acabar de una vez por todas con ella. Sin complejos. Gracias, Rufi�n.Y dijo. Con los papeles del auto siempre en alto, mientras dur� su espich. Memorable es el mon�logo de Marco Antonio/Brando en el Julio C�sar de Shakespeare/Mankiewicz, y memorable el de Rufi�n en el Parlamento. Su masterpiece. Merece la transcripci�n literal: �Yo hoy estoy, reconozco, estoy jodido. No s� si ustedes est�n fastidiados. 88 p�ginas. 88. Tr�fico de influencias, organizaci�n criminal, blanqueo de capitales. Yo reconozco que no soy objetivo. Yo no soy objetivo. Yo le tengo un enorme respeto y un enorme afecto a Zapatero. Nueve de los nuestros est�n en la calle y duermen en su casa gracias, en parte, a �l. Pero tambi�n tengo ojos en la cara. Tengo ojos en la cara. �Que esto no existir�a si Zapatero no fuera un enorme activo electoral para la izquierda? S���… �Y tanto! �Que existe una cacer�a judicial? S���… �Y tanto! �Que Felipe, que Aznar y que Rajoy se lo merecen mucho m�s [aplausos de una parte de la bancada, ruidosas protestas de la otra], no 88, sino 188? S���, tambi�n. Pero, se�or�as, la izquierda es que somos otra cosa [estrepitosas protestas, carcajadas �ostent�reas� de fondo; las se�or�as parecen estar disfrutando de la funci�n], somos otra cosa [repite]. As� que la pregunta que yo les hago, la pregunta que yo le hago, se�or presidente, es �d�nde acaba el lobismo y empieza el tr�fico de influencias? �D�nde? Si esto es verdad [dirigi�ndose al presidente, vuelve a blandir el auto del juez, como �rbitro que le mostrara la en�sima tarjeta amarilla, jam�s roja], si esto es verdad [enfatiza], es una mierda. Si esto es mentira, es una mierda a�n mayor que hemos visto muchas veces, demasiadas veces. Pero merece una respuesta…�.Una respuesta que, por supuesto, ni obtuvo del presidente del Gobierno ni esperaba ni necesitaba. Bien lo sabemos: un farsante. Y adem�s: �c�mo hablar mal all� de Zapatero, de cuerpo presente?Rufi�n cree que las palabras gruesas, con una estridencia inversa a las molduras convencionales del ambiente, le har�n colega y le har�n cre�ble. �Estoy jodido�, �mierda�, y m�s �mierda�. La ferocidad del macarra que trata de alejar de s� toda sospecha, como aquel que envuelve con especias una carne podrida. Al fin y al cabo, �l forma parte de esa misma podredumbre.Siendo tremendas las imputaciones de corrupci�n del ex presidente Zapatero, ninguna iguala en perversidad y miseria a algunas de las leyes que aprob� y de las pol�ticas que promovi�. Su legado. Su demencial Ley de Memoria Hist�rica, que volvi� a dividir a los espa�oles. Su amparo a un Estatuto catal�n inconstitucional que dividi� a los catalanes y, despu�s, su blanqueo de los independentistas y delincuentes nacionalistas, Puigdemont incluido (este ni siquiera ha entrado en la c�rcel, donde debieran seguir los otros nueve). Y, en fin, su pat�tico papel de say�n, vendido a Maduro y a Delcy para separar de su pa�s a millones de venezolanos, condenados a la di�spora, o encarcelarlos.Cualquier dem�crata dar�a, de tenerlos, tres veces m�s millones de los que el juez Calama le imputa a Zapatero en mordidas si pudiera as� hacer desaparecer de un plumazo su legado y revertir las graves consecuencias que han tenido sus pol�ticas. Lo que hubieran hecho las v�ctimas de Al Capone por haber visto juzgados los verdaderos cr�menes de este, y no por los que fue juzgado (defraudaci�n al fisco).A Zapatero se le juzgar� por unas cantidades de dinero. Pero el verdadero juicio debiera ser el de su legado, ese que tan bien resume (de ser verdad, de ser verdad) una de las palabras que Rufi�n le aplic� en el Parlamento a este sucio y pestilente asunto.