Estado, empresa y sociedadMás que una cumbre diplomática tradicional, este encuentro (y eventual desencuentro) se percibe como la “gran negociación”.
En un escenario mundial que respira con dificultad y que a ratos pareciera contener el aliento para que no se llegue al uso de armas nucleares de destrucción masiva, Donald Trump y Xi Jinping, mandatarios de las naciones más poderosas y economías que superan por mucho al resto del mundo, irremediablemente condenados a encontrarse, tolerarse y a competir por la hegemonía global, están reunidos desde hoy hasta el viernes en China. Esta cumbre no es preludio de una amistad, sino más bien de una tregua pactada.
El 15 de mayo sabremos si hubo un paso hacia una “paz fría” gestionada, o si las grietas entre Washington y Pekín son tan profundas para ser reparadas en una mesa de negociación. El mayor riesgo es que la desconfianza sobre Taiwán se desborde, o que las acciones en el estrecho de Ormuz compliquen aún más la situación. Trump necesita resultados para las elecciones de mitad de mandato, y Xi necesita asegurar que la presión estadounidense sobre la economía china no se intensifique.
Más que una cumbre diplomática tradicional, este encuentro (y eventual desencuentro) se percibe como la “gran negociación” para evitar un escenario de inestabilidad global descontrolado. El presidente estadounidense viaja a China para reunirse con su homólogo en un viaje que fue aplazado en marzo, ahora está condicionado por una guerra de alto riesgo en Oriente Medio y una frágil calma en el Pacífico.













