Guillem López i Casasnovas

Catedrático de Economía de la UPF

Los problemas socioeconómicos que inciden en el bienestar de los catalanes no los causan los inmigrantes. Son solo nuestros por habernos instalado en un modelo económico con muy poco futuro. Los problemas de los inmigrantes son el efecto, y no la causa, del malestar que recoge la política actual. Parte de nuestros empresarios los reclaman porque no encuentran trabajadores, a pesar del alto número de parados que tenemos en el país. La razón es que, como pagan sueldos bajos, los de aquí que están lo bastante cualificados se marchan fuera, y los no cualificados que pueden, prefieren subsidios públicos y la economía sumergida. A los pobres inmigrantes, verdadero “ejército industrial de reserva”, que diría Marx, les engañamos. Salarios medios y mínimos que para ellos parecen altísimos, pero que una vez llegados al país no les llega ni para el alquiler. Los empresarios no pagan más no por malévolos, sino porque para ser competitivos en los sectores de baja productividad en los que están no pueden pagar mucho más. Sin calidad no hay valor añadido, ni buenos precios, ni salarios suficientes.

A pesar de que todo esto es conocido, ¿por qué sigue pasando y de modus in crescendo? Porque al Estado ya le conviene que acojamos el máximo de visitantes, para generar las divisas que necesita para cubrir el déficit comercial de quien importa más de lo que no exporta. Crecer en volumen, empleo, PIB total es la variable clave para el Estado. Y cuanto más, mejor. En cambio, para el país, desde la perspectiva del bienestar de las familias, las variables importantes son el PIB per cápita, el valor añadido por ocupado y la renta familiar bruta disponible en términos reales. Para recibir más turistas, el Estado ayuda: fiscalidad baja en la hostelería, subvención al transporte, fijos discontinuos en la regulación laboral... con la complicidad de aquellos empresarios que año tras año luchan por salvar la temporada. Y así el mercado no hace el trabajo que se espera que haga, y que es su mejor bondad: sacar las manzanas podridas de la cesta para que no se pudran todas.