Laura López |
Madrid (EFE).- Frustración, decepción y el sentimiento de ser víctimas de discriminación. Así se sienten muchos ciudadanos de origen saharaui que viven en España como solicitantes del estatuto de apátrida tras quedar excluidos de la regularización extraordinaria de migrantes aprobada por el Gobierno.
«Sentí que se me caía el mundo encima», relata a EFE uno de estos afectados, Larabas Mohamed Moulud, sobre el momento en que supo que el real decreto finalmente los dejaba fuera.
Nacido en El Aaiún en 1970, cuando el territorio era provincia española, es solicitante de apatridia desde agosto del año pasado pero teme que aún tenga que esperar mucho más. Como mientras tanto no tiene permiso para trabajar en el país, había puesto su esperanza en esta regularización.
Su caso es especialmente sangrante porque, al haber nacido en una colonia española, su familia tiene carnés de identidad o el libro de familia españoles mientras que él, a ojos de España, no tiene patria.











