La colombiana Sofía Jiménez y su hija Samy, que previsiblemente podrá acogerse a la regularización extraordinaria que plantea el Gobierno. EFE/Sofía Jiménez

Laura López |

Madrid (EFE).- Crecer como un niño en situación administrativa irregular en España significa haber aprendido demasiado pronto lo que es vivir con miedo, tratar de pasar siempre desapercibido y hacerse preguntas que un niño nunca debería hacerse.

«Ahora que papá y tú vais a tener los documentos… ¿Me van a devolver para Colombia, me voy a tener que ir sola?» es lo que preguntó Samy, de 11 años, a su madre, Sofía Jiménez (42), cuando se enteró de que sus padres estaban cerca de tramitar sus papeles.

Una inquietud que se convirtió en celebración cuando le explicaron que ella también los iba a conseguir: «Mami, ¡ahora podremos salir tranquilas sin que nos digan nada!», exclamó la pequeña, según reproduce su madre en una entrevista con EFE.